martes, 27 de junio de 2017

Review: "Noragami" + "Noragami Aragoto"

¡Buenas a todos, bloggeros!
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hice una reseña de anime, y, la verdad, si os soy sincera, parte de mí empezaba a inquietarse: era algo que ya tocaba. Y esta vez ha caído "Noragami" (y su segunda temporada), un anime que mi tía y mi hermana llevaban mucho tiempo diciéndome que viera y que no había cogido hasta que mi hermana tomó cartas en el asunto y me arrastró hasta el ordenador para verla. Cada vez soy mejor en mantener mi bocaza cerrada, así que no hay spoilers importantes en la reseña (aunque puede que se me cuele alguno menor). 


Ficha técnica (aka. info general):
El anime está basado en el manga homónimo de Adachitoka, que empezó a publicarse en 2011. La adaptación a TV corrió a cargo del estudio BONES y se compone, por el momento, de dos temporadas, "Noragami" y "Noragami Aragoto", de doce y trece capítulos respectivamente. Todavía está por confirmar una tercera, y el manga continúa publicándose.

Sinopsis:
Yato es un dios menor cuyo objetivo en la vida es conseguir, por fin, un santuario y una buena cantidad de seguidores que le recen plegarias y lo adoren.
Sin embargo, su sueño no está precisamente cerca de hacerse realidad: Yato es un dios vagabundo, es decir, se pasea por las calles de Japón siendo prácticamente invisible a ojos de los transeúntes, con un chándal y un pañuelo raídos y pintarrajeando las paredes para promocionar su capacidad de conceder deseos (por solo 5 yens). Para empeorar las cosas, su Tesoro Sagrado (espíritus buenos que colaboran con los dioses para eliminar a los espíritus malignos, ayakashis), Tomone, acaba de renunciar, dejándole totalmente en la estacada.
En este contexto, Yato se chocará con Hiyori Iki, una jovencita de instituto que, tras sufrir un accidente por culpa de un gato llamado Ue-sama, tiene un pequeño problema: su alma deja su cuerpo sin previo aviso y de forma repentina. Así, Hiyori recluta a Yato (y, posteriormente a su nuevo Tesoro Sagrado, Yukine) para que la ayude a resolver su problema y, en el proceso, le ayudará a dejar atrás su pasado y a empezar a dar los primeros pasos para convertirse en toda una célebre deidad.

Reseña general:
Empecé a ver "Noragami" totalmente a ciegas: no había oído hablar del anime, no conocía el argumento ni había leído ninguna reseña ni opinión (excepto la de mi hermana menor) así que lo vi sin predisposición de ningún tipo ni juicio previo.

Llevaba mucho tiempo sin ver anime, porque últimamente no he estado muy conectada a cualquier cosa que no sean trabajos o exámenes, y cuando he tenido un rato libre me he dedicado a escribir, pero ver "Noragami" me ha recordado a mí misma por qué me gusta tanto el anime.
Con "Noragami" he vuelto a devorar episodios y he regresado a ese afán mío de ver más y de entender, de comprender  e indagar en la serie. Vi con mi hermana los cuatro primeros episodios y, a partir del quinto, no pude parar. Terminé la primera en una tarde, la segunda la vimos juntas en menos de 24 horas y las ovas las vimos al día siguiente. Maratón de Noragami, porque es un anime que, la verdad, lo merece. No es largo ni pesado, se ve rápido y no pierde la perspectiva sobre sí mismo: sabe qué quiere contar y lo cuenta de forma directa, aunque sí que hay que admitir que deja muchas cosas en el tintero, sobre todo acerca de Yato y su pasado porque cuando realmente se empieza a ahondar en el tema se acaba el arco, termina la segunda temporada y deja al espectador con un montón de preguntas y con muchas ganas de saber. Ese es el lado negativo de la brevedad del anime; el positivo es que no se entretiene en cosas inútiles o irrelevantes (ni relleno, el gran enemigo del fan de anime). Algo que hay que destacar de "Noragami" es que no se basa en la lucha contra un malo externo, ni contra un gran villano (al menos, no el anime), sino que el corazón de la serie está en los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos. Y eso le da un cierto factor especial, entrañable.

La primera temporada empieza un poco lenta; sí que es verdad que tiene un ritmo algo irregular en ella, pero se solventa a medida que avanza y, a partir de la segunda, ese mínimo fallo desaparece. Los primeros episodios se basan bastante en situar al espectador, en presentar a los tres principales y a varios secundarios importantes y en establecer las reglas del mundo.
Por eso, esos cuatro-cinco primeros episodios son algo más aburridillos, menos entretenidos. La cosa empieza a ponerse interesante cuando rozamos el episodio cinco, y el anime hace entonces un efecto de montaña rusa: los primeros episodios han sido la cómoda subida y empieza la vorágine de la bajada. Un punto negativo que se puede sacar a "Noragami" es precisamente algo que deriva de esto, pero que se soluciona con Aragoto: "Noragami" tarda en arrancar, y da la impresión de que el villano aparece un poco surgido de la nada, para, realmente, no hacer gran cosa. De hecho, no aparece hasta los últimos capítulos, lo cual da una sensación algo extraña.
La segunda temporada no tiene ese problema: va al grano y a la acción directamente, porque no tiene que explicar demasiado, y lo que tiene que explicar, lo explica rápido y sin grandes problemas. En esta segunda temporada, además, los lazos entre los personajes ya están creados, así que solo debe hacer hincapié en profundizarlos y en mantener al espectador interesado sobre lo que les ocurre. Y cumple con ello.

A mí en particular, me gustó más Aragoto que Noragami a secas, y disfruté mucho con las Ovas (que, por cierto, son muy, muy divertidas pero tienen spoilers a punta pala, así que si pensáis verlas, ved primero las dos temporadas), pero hay algo que no puedo obviar. El gran problema de Noragami: queda muy en el aire. Falta explicar varias cosas que necesitaban un trasfondo mayor. Es divertido y ameno, pero quizá sea su falta de capítulos lo que lo hace cojear. Si hubiera sido más largo, posiblemente sería un anime mucho más conocido y se habrían desarrollado mejor muchas cosas que solo se mencionan o se dejan a la intuición del espectador, cosas en las que habría tenido que ahondar más.

Cuando empieza a hacerse hincapié en lo más interesante, eso que el espectador quiere saber desde la primera temporada (Yato y su pasado, por qué continúa vivo después de tantos años sin que nadie le reconozca siquiera), el anime termina, y no hay, de momento, planes para una tercera temporada que es más que solo necesaria. Yo, por mi parte, la exijo: #QueremosTerceraTemporadaDeNoragamiYa. Necesito respuestas. Y seguramente me saldrá mejor leerme el manga para ello peeero, en fin, soñar no cuesta nada.

El corazón de Noragami no está realmente en la historia, sino en sus personajes. En este anime en particular son muy importantes los lazos entre ellos, cómo se ayudan para avanzar hacia aquello que quieren ser, no solo el trío de personajes principales (Yato-Hiyori-Yukine), sino también los secundarios. "Noragami" acierta en crear personajes con una buena profundidad en muy poquitos capítulos.


En primer lugar tenemos a Yato, nuestro dios vagabundo, que combina de maravilla el pasado sombrío y oscuro con lo cómico y divertido, incluso infantil en algunos aspectos. Puede ser el mayor payaso del anime o el personaje más letal de la serie, y, a mis ojos, uno de los más leales. Nuestro protagonista es un payasete con el corazón de oro, lleno de matices y complejos, que se gana al espectador prácticamente desde el momento en que aparece en pantalla; tiene luces y sombras, momentos de fuerza y debilidad que lo hacen, paradójicamente, un personaje muy humano a pesar de que hablamos de un dios (algo que, en realidad, pasa con la gran mayoría de deidades que aparecen en Noragami). Yato es uno de los personajes más queridos de Noragami, y con razón; en muchos aspectos, me recuerda mucho a Rin Okumura, de Blue Exorcist, pero con más cabeza y experiencia en lo que hace.
Después tenemos a Hiyori Iki, la protagonista femenina del anime. Para tirar topicazos abajo, Hiyori no es la típica niña de anime que llora, se esconde tras el protagonista y no hace nada útil: no, Hiyori sabe salir de un atolladero y sacar a otros de él, es amante de las artes marciales, lo cual hace de ella alguien duro y con recursos de lucha, pero también es dulce y maternal, muy leal a sus amigos y uno de los motores de la serie. Si no llega a ser por Hiyori, Yato y Yukine estarían en serios problemas en varios capítulos. El hecho de que en ella se combinen diversas emociones y formas de comportarse lleva a algunos a decir que es inconsistente, pero, a mi juicio, eso hace de ella un personaje fácil de querer, con el que uno puede identificarse, y con un puntito divertido que hace que encaje tan bien en esta historia.
De izda. a dcha.: Yukine, Yato y Hiyori
Y para completar nuestro trío protagonista tenemos a Yukine, el Tesoro Sagrado ("Shinki") de Yato. Si hay un personaje que evoluciona en el anime, ese es Yukine: pasa de ser un niño roto y furioso con el mundo a todo un héroe, dispuesto a darlo todo por sus amigos. Y, a medida que lo hace, se gana el corazón del espectador. Yukine empieza siendo un personaje que resulta difícil de querer, por su continuo enfado con el mundo (enfado más que justificado, por otra parte), sus mentiras y su agrio carácter. Sin embargo, tras un punto de cambio, Yukine comienza a aceptar lo que ha pasado, y entonces se transforma en el niño al que todos tenemos ganas de achuchar, ese que es leal a más no poder a Yato y a Hiyori. Yukine me irritaba al principio, aunque no llegué a odiarle, porque es fácil entender su enfado; cuando empezaron a pasar los episodios, y él comenzó a evolucionar, se ganó un lugar en mi corazón.
No soy capaz de elegir a un favorito en nuestro trío de oro: los tres me encantan como personajes individuales y, como equipo, son lo que cualquiera llamaría "squad goals". Es difícil no querer a estos tres; en realidad, es difícil no querer a ningún personaje de "Noragami" (excepto Nora).

Los secundarios juegan un papel importante en la historia. Tenemos, por una parte, a Kofuku y su shinki, Daikoku, alivio cómico por excelencia en la serie: gracias a ellos tenemos una gran cantidad de momentos hilarantes, por lo general debido a la vivaracha diosa y a las desgracias varias que suele causar de forma involuntaria y que Daikoku intenta evitar por todos los medios. Por otra parte, tenemos a Bishamonten, "Bisha" diosa de la guerra y mujer fatal de la serie, y a su sufrido y leal shinki, Kazuma, pareja que adquiere un protagonismo especial en Aragoto y que aportan un toque dramático que permite avanzar en la trama y ver un lado distinto de Yato. Bisha...digamos que es el tipo de personaje que no querrías cruzarte cuando está furiosa, aunque también muestra un lado muy humano de sí misma que acaba por conmover sin remedio.
En cierto modo, los antagonistas de "Noragami" no cobran gran importancia hasta la segunda temporada. El de la primera no aparece hasta casi el final y solo sirve como colofón sin mayor importancia. Es en la segunda donde empezamos a ver más del trasfondo del mundo, y cuando nos encontramos con determinados individuos que rellenan ese papel y con alguien a quien podemos definir como verdadero "antagonista". Sin embargo, volvemos al principal problema del anime: el verdadero antagonista, ese que realmente parece tener un plan para hacer daño a nuestros protagonistas, aparece justo al final...y no se explaya ni en sus motivos ni en sus capacidades. Ni siquiera se enfrenta a nadie cara a cara. Eso es lo que queda en el aire para la tercera temporada.
La única que podemos calificar de "antagonista" y que desde el principio da una terrible mala espina, es Nora. Ella sí es el personaje odioso por excelencia, que esconde una gran maldad tras una carita de ángel muy bien disimulada.

Conclusiones finales y mi nota particular:




"Noragami" es un anime entretenido: es ameno, cortito y ligero para ver en un par de días, tiene acción y buenas peleas, momentos divertidos, dulces y entrañables, y personajes a los que es fácil querer. Lidia, además, con temas interesantes, importantes, como son la aceptación de cosas que escapan a nuestro control, aquello que hacemos y de lo que nos arrepentimos, y de cómo deseamos cambiar para mejor.
Uno de sus puntos fuertes es un argumento interesante, y un mundo bien construido, curioso y diferente; su ritmo es rápido y no se va por las ramas: tiene muy presente lo que quiere contar, y lo narra de manera eficaz, de forma que enganche al espectador y lo mantenga pegado a la pantalla, sin caer en repeticiones y, la verdad, sin topicazos. Empieza de manera algo lenta, pero pronto sabe remontar esa lentitud, sobreponerse y, para el capítulo cinco de la primera temporada, entra en una vorágine de la que no sale hasta el final. La segunda temporada mejora la primera, ahondando más en el pasado de los personajes, consolidando las relaciones entre ellos y la mitología del mundo.
Merece la pena verlo, sí, aunque solo sea por su principal punto fuerte: sus personajes. Ellos hacen de "Noragami" no solo una serie entretenida, sino con un algo diferente y especial; evolucionan hasta hacerse a sí mismos, hasta hacernos quererlos. Yato, Hiyori y Yukine hacen un gran equipo, uno de los que a mí, en particular, más me han gustado de todos los animes que he visto. Se complementan perfectamente, con la combinación que sea: los tres juntos, solo Yato y Yukine, relación preciosa en la serie y a la que dedican una gran cantidad de trama mjy bien invertida, solo Yato y Hiyori o únicamente Hiyori y Yukine. Cada uno de ellos aporta una dinámica distinta al grupo.
Sin embargo, "Noragami" peca de dejar demasiadas cosas en el aire: esos pocos capítulos son un poco su perdición, porque muchos aspectos que merecen ser mejor explicados (el pasado de Yato, o el de Yukine) quedan en una simple mención, o a la imaginación del espectador. Al ser tan pocos capítulos, da la sensación de que el final de temporada, de ambas, es algo precipitado; de hecho, tiene un final muy abierto, en el sentido de que es evidente que planeaban una tercera temporada que es necesaria, pero de la que, de momento, no se sabe nada.

Os lo recomiendo, a pesar de todo, incluidas las ovas, que son divertidísimas. "Noragami" os hará pasar un buen rato, y es un buen anime para distraerse; si os gusta el anime sobrenatural, dadle una oportunidad a Yato, Hiyori y Yukine, no os arrepentiréis.

Mi nota para "Noragami" es de:
7'5/10
Mi nota para "Noragami Aragoto" es de:
8/10
Global:
7'75/10

¡Nos leemos, bloggeros!

martes, 13 de junio de 2017

En el ojo del huracán: "Por trece razones (13 Reasons Why)"

¡Buenas de nuevo, bloggeros!

Han pasado un par de meses desde que publiqué ninguna entrada, principalmente por mi histeria pre-exámenes y la resaca de información posterior, pero bueno, por suerte o por desgracia ya estoy aquí de nuevo para daros un poco la tabarra.
Os cuento un poco de qué va esto. Durante las vacaciones de semana santa, (que me pasé en parte estudiando) apareció en Netflix una serie de la que seguro habéis oído hablar todos: "Por trece razones", o, como la conocen originalmente, "13 Reasons Why" (a partir de ahora 13RW).
La cuestión es que nos llamó la atención a mi madre, a mi novio y a mí, empezamos a verla y nos enganchamos. Cuando la acabé, pensé en hacer una reseña, pero volví a la universidad y las últimas semanas de clase me absorbieron. La cosa quedó, por tanto, ahí, con 13RW como una de mis series pendientes para reseñar aquí.
La idea original, era hacer una reseña, sí, pero unas últimas noticias un tanto controvertidas alrededor de la serie, su polémica temática y una amplia gama de opiniones en redes sociales me han llevado a querer expresar la mía, no tanto sobre la serie como tal, sino también sobre su mensaje y la puesta en escena de este. Casi me da un poco de miedo hablar del asunto, porque veo que se me va a echar encima media red, pero me apetece hablar sobre ello.
Y así es como la reseña pasó a ser esto, un artículo de opinión, y con ello os dejo. Aviso: el artículo contiene spoilers de la serie; si no lo hiciera, no podría exponer adecuadamente mis argumentos.

En el ojo del huracán: Por trece razones (13 Reasons Why)



"Soy Hannah. Hannah Baker. Voy a contarte la historia de mi vida. La razón por la que mi vida se terminó. Si quieres saber más, solo dale al play".

Antes de nada, os pongo en situación. "Por trece razones" es una serie original de Netflix de trece capítulos, basada en el libro homónimo de Jay Asher, y que cuenta con un reparto coral entre los que destacan Katherine Langford, Dylan Minette, Kate Walsh, Christian Navarro, Miles Heizer o Alisha Boe entre muchos otros. La historia trata unas temáticas tan duras como actuales: el acoso escolar, el acoso sexual y la violación, y el suicidio.

Hace un par de semanas, Hannah Baker se quitó la vida. Al volver a casa tras el instituto, Clay Jensen, uno de sus compañeros, se encuentra con una caja de zapatos que contiene siete cintas de cassette. Al reproducir la primera de ellas, Clay descubre que las cintas han sido grabadas por la propia Hannah antes de suicidarse: cada cinta cuenta un pedacito de su historia ligada a otra persona de su entorno, "una razón" que la ha empujado a tomar su decisión. Las normas que ella narra en la primera cinta son sencillas: las escuchas y las pasas al siguiente de la lista. De no hacerlo, una segunda copia de las cintas, que Hannah dejó a alguien de confianza, saldría a la luz.
Y así, tanto Clay como nosotros empezamos a escuchar a Hannah y nos sumergimos en una historia oscura y dolorosa.

Es evidente que, con esta premisa, ver esta serie no es fácil. No es fácil ni tampoco recomendable si estás pasando por un mal momento, porque es una serie que habla de enfermedad mental, como la depresión y la ansiedad, del acoso, la violación y, por supuesto, el suicidio. En ningún momento se vende de otra manera: tiene misterio, sí, claro, el espectador está continuamente deliberando por qué, intentando averiguar quién sale en cada cinta y qué hizo a Hannah, pero desde el primer momento "13RW" se vende y promociona como una serie complicada, difícil de ver. Su contenido es difícil y cruento, especialmente a medida que pasan los capítulos y se acerca el final. La serie no se deja nada en el tintero: no pasa de largo las escenas violentas o de contenido sensible, de acuerdo con el equipo, porque era necesario hablar de ellas. Es necesario concienciar.
Y aquí precisamente reside la polémica. Lo que muchos han alabado por ser una concienciación y una clara muestra del daño que se le puede llegar a hacer a una persona, con actos ya no solo grandes y deplorables, sino también pequeños y aparentemente inofensivos, otros lo han criticado duramente por el hecho de mostrar escenas gráficas de suicidio y comportamientos tóxicos. En concreto, psicólogos y asociaciones han criticado duramente la escena del suicidio de Hannah, en el que la chica se corta las venas con una cuchilla y se desangra en la bañera, porque afirman que podría llegar a incitar al suicidio. O, directamente, que incita al suicidio, omitiendo el "podría".
La polémica ha empeorado recientemente a causa de esta noticia: hace poco más que una semana, un joven peruano fallecía tras saltar de su balcón. Había sufrido un desengaño amoroso y, junto a una nota a la mujer que le había roto el corazón, también dejó una serie de audios en su ordenador. Sí, de una manera prácticamente igual a Hannah.
Polémica servida.
Enseguida apareció una gran respuesta en las redes en contra de la serie, acusándola de mostrar el suicidio como algo bonito, glorificarlo, o, incluso, como una venganza personal contra los que consideramos los culpables de nuestros males. En marzo, todo eran alabanzas hacia la historia: lo bien que mostraba el acoso, las consecuencias de este y cómo se puede llegar a destruir a una persona con los actos, con una mínima chorrada que, para otro, para alguien que lo está pasando mal, puede ser un mundo. Todo eran halagos hacia el equipo por concienciar y sensibilizar, y hacia los actores por el buen trabajo que habían realizado.
Ahora en junio, resulta que la serie es el demonio reencarnado. Y yo me pregunto: ¿cómo hemos llegado a ambos extremos? Porque creo que me he perdido el paso intermedio.


Vayamos por partes.

Uno de los principales argumentos contra "13RW" es que el suicidio está glorificado en la serie. Y ahí es cuando pregunto ¿qué serie habéis visto? Porque no es la misma que he visto y.
La escena del suicidio de Hannah no tiene nada de poética. Es horrenda. Es devastadora. Es desagradable. Es muy desagradable de ver, es incómoda y desgarradora (y en esto sí estoy de acuerdo con la gente que dice que tal vez no era necesario; es muy gráfica, puede que demasiado): la ves a ella, llorando y temblando, hecha un manojo destrozado, la sangre le brota desordenada y sin control de las muñecas y oyes el repiqueteo del agua mezclada con esa sangre mientras su respiración se va a apagando. No es poética en absoluto. Es terrible de ver, y empeora cuando sus padres la encuentran en la bañera. Es desgarrador.
Durante toda la serie se hace hincapié un montón de veces que el suicidio de Hannah no solo ha acabado destrozando su vida. Ha destrozado la de sus padres, la de Clay, la de Tony, la de mucha gente a su alrededor. Y eso no tiene nada de épico, de bonito, ni de glorioso: es una muestra de cómo se trastoca la vida de tus seres queridos cuando te quitas la tuya. No, claro que no. Ni épico, ni romántico. Bécquer y el romanticismo poetizaron el suicidio. Esto, no.
Y esto nos lleva a hablar de uno de mis argumentos favoritos por lo asquerosamente común del hecho: "Hannah se quita la vida sin importarle nada más". Sí, echemos la culpa a la chica a la que han humillado públicamente, acosado, humillado y violado. Porque claro, todo eso no son razones para sentir que todo el mundo va a hacerte daño, para no valorarte a ti misma y para querer deslizar una cuchilla sobre tus muñecas. Perfecto. Culpabilizar a la víctima es una gran manera de quitarnos las culpas de encima; sociedad, lo estás haciendo genial.

Es muy cierto que otra de las críticas, con la que estoy algo de acuerdo, es que Hannah utiliza las cintas como venganza. Sí, yo también lo pienso, pero me sorprende ver que todo el mundo lo ve como algo...raro. Antes de explayarme en esto, un pequeño apunte de comparación: ¿habéis leído el libro? Si no lo habéis hecho, leeros un par de párrafos de explicación de Hannah, porque algunos no tienen desperdicio. La Hannah de la serie es bastante menos vengativa con respecto a las cintas. En la Hannah de la serie se ve un trasfondo diferente: se insiste más en que quiere que la gente que escucha las cintas entienda por qué le han hecho tanto daño y por qué ha tomado esa decisión. Y ahí reside un punto positivo de "13RW". Habla de los porqués. Muchas veces, lo que nos mata es el no saber. La incertidumbre. Criticamos que Hannah obligue a sus compañeros a saber todas las caras de lo que ella considera su historia, de sus razones, pero, en realidad, para algunos, el no saber es mucho peor que el no saber. Tal vez, el hecho de saber, de que Clay sepa qué ocurrió, haya salvado la vida a Skye Miller.
Y no os voy a decir que no crea que tiene un cierto componente vengativo: claro que lo tiene. Las cintas son una explicación para los motivos de Hannah, pero por supuesto que son también una venganza.
"¡Oh, qué mala, eso es de ser mala persona!"
No seáis cínicos, ni hipócritas: somos humanos, y, por naturaleza, cuando alguien nos hace daño, por muy buenas personas que seamos, en algún momento pensamos que tendría que pagar por ello. Hannah es humana, y, además, tiene depresión. Depresión por toda la mierda (perdonadme la expresión) que le están haciendo tragar entre todos sus "queridísimos y simpatiquísimos" compañeros del Liberty High. Así que sí, entiendo que las cintas sean una manera de hacer daño. No lo justifico, al menos no con mi estado de ánimo actual, pero lo haría estando en su piel. Y lo entiendo.
"¡Pero poner el suicidio como una venganza es tóxico, no es ético ni moral!"
Claro. Evidentemente. El suicidio es tóxico. Utilizarlo como una venganza no es ni ético ni moral. Pero lo hacemos. Lo hacemos porque es una forma de descargar enfado y furia, de descargar rabia contra la gente que nos ha hecho daño. Y eso es lo que está mostrando "13RW". En ningún momento da ese mensaje: claro que lo que hace Hannah está mal. Pero es algo que, admitámoslo, la gente ya podría llegar a hacer sin la ayuda de una serie.

Os voy a recordar algo que parecemos haber olvidado: el suicidio ya existía antes de esta serie. La depresión ya existía antes de esta serie. Las notas de suicidio ya existían antes de esta serie. Y la historia ya existía antes de esta serie. Esta historia está basada en un libro que se publicó hace diez años; sí, vale, admito que todos sabemos que los libros no tienen ni la mitad de repercusión que la televisión, algo que a mí me duele en el alma, pero he aquí el quid de la cuestión.
Me estoy desviando del tema. El principal problema que veían los expertos es que la escena del suicidio se muestra de manera demasiado gráfica. Totalmente de acuerdo. Es una escena terrible y para una persona que puede estar pasando por algo así o similar puede ser peligroso.
Pero, ¿realmente podemos afirmar que incita al suicidio, así, tan tranquilamente y sin matizar? Siento deciros que no puedo estar de acuerdo. No del todo. No os voy a soltar el típico argumento: hay advertencias de contenido sensible en cada uno de los capítulos. Bueno, sí, lo voy a hacer para dar pie a la siguiente contestación: "Alguien que tiene problemas mentales no hace ni caso de una advertencia. Ni siquiera le importa". De acuerdo, totalmente de acuerdo: cuando alguien está tan destrozado no quiere ni hacer caso de esas advertencias. Ni le importan y, además, ya se siente como una carga. Y así llegamos a donde yo quiero llegar: ¿por qué está sola una persona que necesita ayuda? ¿Por qué la dejamos de lado, o por qué está encerrada en sí misma y nadie se preocupa por ayudar?
Siento descubriros que, en este caso, el problema no lo tiene la serie. Ni tampoco el libro. El problema lo tenemos nosotros como sociedad, por culpar de estos temas tabús a materiales que lo tratan y que intentan visibilizarlos, con más o menos errores (porque no os equivoquéis, no defiendo en absoluto que la serie sea perfecta: tiene errores y muchos), en lugar de admitir que tenemos un problema: cuando nos enfrentamos con algo que no sabemos afrontar, cerramos los ojos, hacemos como que no mirarmos, y nos escandalizamos cuando suceden las cosas. Y entonces buscamos culpables, culpables que no seamos nosotros, por supuesto.

Claro que el suicidio es un tema peliagudo (y con peliagudo me quedo más que solo corta) y por eso precisamente deberíamos tenerlo más presente. Deberíamos tenerlo mucho más en cuenta. He visto una gran cantidad de críticas por "la serie incita al suicidio y los expertos lo afirman". Pero ¿sabéis una cosa? La escena de la violación de Hannah está en una página porno. O, al menos, estaba. Sí, no habéis leído mal. Y no he visto ni la mitad de protestas por esto en los diarios o en Twitter, donde, por cierto, es donde me enteré y donde, hay que reconocer, la gente protestó por ello. Y ¿sabéis otra cosa? Ningún experto ha salido defendiendo lo tóxico de este comportamiento, lo asqueroso que es que una sociedad se sexualice una violación, y nadie ha salido clamando al cielo porque había comentarios del tipo "es que que yo me masturbe con una violación no quiere decir que salga a la calle a violar a nadie". Querido, el problema es que te excite un acto en el cual se está forzando a una persona. Eso es un problema mental. O, bueno, en esta sociedad a lo mejor es señal de estar totalmente sano, ¿no?
En cualquier serie de procedimientos policiales, si hay una víctima femenina hay un 90%  de probabilidades de que haya sido violada antes de asesinada. Y es muy posible que en flash-backs o al principio del capítulo se muestre la violación de una manera que a cualquier chica nos pone los pelos de punta, casi explícita, por la situación, el contexto y la violencia de la imagen. Pero ahí no pasa nada. Y claro, eso no es incitar a nada. Con eso no hay tanto problema, ¿verdad? Hay un problema con lo que muestra esta serie, pero podemos aguantar perfectamente que a alguien le abran la cabeza con una taladradora en pantalla o que le rompan todos los huesos del cuerpo con un bate de béisbol. Lo vemos como lo más normal del mundo, cuando sabemos de sobra que hay gente que tiene esos impulsos. Pero en este caso, nadie sale a argumentar que este comportamiento se fomenta.
Ja, ja, ja. Permitid que me ría.
A eso se le llama doble moral social. Y no quiero fomentarla.

Conclusión


Voy a terminar la entrada dándoos una reflexión: si "13 Reasons Why" incita al suicidio, ¿cualquier serie procedural incita a matar? ¿"Dexter" incitaba a descuartizar a gente? ¿Series como "Castle" o "Hawai 5.0" incitan a cometer crímenes? Porque si lo ve un psicópata pueden estar fomentando y estimulando sus ganas de matar y, encima, dándole ideas para cometer un crimen. ¿Series como "The Walking Dead" me harán creer que van a salir zombies hasta debajo de las piedras?
Después de esta analogía un tanto cutre, os doy una mini aportación de teoría de la comunicación: es cierto, los medios tienen una responsabilidad social. Son uno de los principales componentes de la democracia y, o bien representan un reflejo de nosotros, o nos proporcionan parámetros para vivir nuestra vida (lo cierto es que los expertos no se ponen de acuerdo en esto, y si no lo hacen ellos, menos lo voy a hacer yo). Pero también es verdad que somos nosotros los que decidimos el punto de vista desde el que consumimos los productos mediáticos: que los medios nos insuflan información sin que interactuemos con ella o la cavilemos es una teoría totalmente  descartada (adiós aguja hipodérmica). Siempre y cuando no hablemos de propaganda manipuladora, obviamente, que no es el caso. No vivimos en la época de "La guerra de los mundos" de Orson Wells, en la que la gente entró en pánico porque creía que nos invadían los extraterrestres.
Conclusión: si le echamos toda la culpa a una serie, en lugar de admitir que no prestamos suficiente atención a la gente de nuestro alrededor que puede necesitar ayuda, entonces tenemos un grave problema como sociedad. Dejad de hacer demagogia barata: simplificar la realidad no es deseable y mucho menos saludable.
"13 Reasons Why" tiene aciertos y tiene fallos, por supuesto. No es un material fácil de ver, pero su principal problema, o, mejor dicho, el principal problema que tiene el mundo con la serie, es que, en el fondo, nos asusta vernos tan bien representados. Nos asusta ver el daño que podemos llegar a hacer.