martes, 27 de junio de 2017

Review: "Noragami" + "Noragami Aragoto"

¡Buenas a todos, bloggeros!
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hice una reseña de anime, y, la verdad, si os soy sincera, parte de mí empezaba a inquietarse: era algo que ya tocaba. Y esta vez ha caído "Noragami" (y su segunda temporada), un anime que mi tía y mi hermana llevaban mucho tiempo diciéndome que viera y que no había cogido hasta que mi hermana tomó cartas en el asunto y me arrastró hasta el ordenador para verla. Cada vez soy mejor en mantener mi bocaza cerrada, así que no hay spoilers importantes en la reseña (aunque puede que se me cuele alguno menor). 


Ficha técnica (aka. info general):
El anime está basado en el manga homónimo de Adachitoka, que empezó a publicarse en 2011. La adaptación a TV corrió a cargo del estudio BONES y se compone, por el momento, de dos temporadas, "Noragami" y "Noragami Aragoto", de doce y trece capítulos respectivamente. Todavía está por confirmar una tercera, y el manga continúa publicándose.

Sinopsis:
Yato es un dios menor cuyo objetivo en la vida es conseguir, por fin, un santuario y una buena cantidad de seguidores que le recen plegarias y lo adoren.
Sin embargo, su sueño no está precisamente cerca de hacerse realidad: Yato es un dios vagabundo, es decir, se pasea por las calles de Japón siendo prácticamente invisible a ojos de los transeúntes, con un chándal y un pañuelo raídos y pintarrajeando las paredes para promocionar su capacidad de conceder deseos (por solo 5 yens). Para empeorar las cosas, su Tesoro Sagrado (espíritus buenos que colaboran con los dioses para eliminar a los espíritus malignos, ayakashis), Tomone, acaba de renunciar, dejándole totalmente en la estacada.
En este contexto, Yato se chocará con Hiyori Iki, una jovencita de instituto que, tras sufrir un accidente por culpa de un gato llamado Ue-sama, tiene un pequeño problema: su alma deja su cuerpo sin previo aviso y de forma repentina. Así, Hiyori recluta a Yato (y, posteriormente a su nuevo Tesoro Sagrado, Yukine) para que la ayude a resolver su problema y, en el proceso, le ayudará a dejar atrás su pasado y a empezar a dar los primeros pasos para convertirse en toda una célebre deidad.

Reseña general:
Empecé a ver "Noragami" totalmente a ciegas: no había oído hablar del anime, no conocía el argumento ni había leído ninguna reseña ni opinión (excepto la de mi hermana menor) así que lo vi sin predisposición de ningún tipo ni juicio previo.

Llevaba mucho tiempo sin ver anime, porque últimamente no he estado muy conectada a cualquier cosa que no sean trabajos o exámenes, y cuando he tenido un rato libre me he dedicado a escribir, pero ver "Noragami" me ha recordado a mí misma por qué me gusta tanto el anime.
Con "Noragami" he vuelto a devorar episodios y he regresado a ese afán mío de ver más y de entender, de comprender  e indagar en la serie. Vi con mi hermana los cuatro primeros episodios y, a partir del quinto, no pude parar. Terminé la primera en una tarde, la segunda la vimos juntas en menos de 24 horas y las ovas las vimos al día siguiente. Maratón de Noragami, porque es un anime que, la verdad, lo merece. No es largo ni pesado, se ve rápido y no pierde la perspectiva sobre sí mismo: sabe qué quiere contar y lo cuenta de forma directa, aunque sí que hay que admitir que deja muchas cosas en el tintero, sobre todo acerca de Yato y su pasado porque cuando realmente se empieza a ahondar en el tema se acaba el arco, termina la segunda temporada y deja al espectador con un montón de preguntas y con muchas ganas de saber. Ese es el lado negativo de la brevedad del anime; el positivo es que no se entretiene en cosas inútiles o irrelevantes (ni relleno, el gran enemigo del fan de anime). Algo que hay que destacar de "Noragami" es que no se basa en la lucha contra un malo externo, ni contra un gran villano (al menos, no el anime), sino que el corazón de la serie está en los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos. Y eso le da un cierto factor especial, entrañable.

La primera temporada empieza un poco lenta; sí que es verdad que tiene un ritmo algo irregular en ella, pero se solventa a medida que avanza y, a partir de la segunda, ese mínimo fallo desaparece. Los primeros episodios se basan bastante en situar al espectador, en presentar a los tres principales y a varios secundarios importantes y en establecer las reglas del mundo.
Por eso, esos cuatro-cinco primeros episodios son algo más aburridillos, menos entretenidos. La cosa empieza a ponerse interesante cuando rozamos el episodio cinco, y el anime hace entonces un efecto de montaña rusa: los primeros episodios han sido la cómoda subida y empieza la vorágine de la bajada. Un punto negativo que se puede sacar a "Noragami" es precisamente algo que deriva de esto, pero que se soluciona con Aragoto: "Noragami" tarda en arrancar, y da la impresión de que el villano aparece un poco surgido de la nada, para, realmente, no hacer gran cosa. De hecho, no aparece hasta los últimos capítulos, lo cual da una sensación algo extraña.
La segunda temporada no tiene ese problema: va al grano y a la acción directamente, porque no tiene que explicar demasiado, y lo que tiene que explicar, lo explica rápido y sin grandes problemas. En esta segunda temporada, además, los lazos entre los personajes ya están creados, así que solo debe hacer hincapié en profundizarlos y en mantener al espectador interesado sobre lo que les ocurre. Y cumple con ello.

A mí en particular, me gustó más Aragoto que Noragami a secas, y disfruté mucho con las Ovas (que, por cierto, son muy, muy divertidas pero tienen spoilers a punta pala, así que si pensáis verlas, ved primero las dos temporadas), pero hay algo que no puedo obviar. El gran problema de Noragami: queda muy en el aire. Falta explicar varias cosas que necesitaban un trasfondo mayor. Es divertido y ameno, pero quizá sea su falta de capítulos lo que lo hace cojear. Si hubiera sido más largo, posiblemente sería un anime mucho más conocido y se habrían desarrollado mejor muchas cosas que solo se mencionan o se dejan a la intuición del espectador, cosas en las que habría tenido que ahondar más.

Cuando empieza a hacerse hincapié en lo más interesante, eso que el espectador quiere saber desde la primera temporada (Yato y su pasado, por qué continúa vivo después de tantos años sin que nadie le reconozca siquiera), el anime termina, y no hay, de momento, planes para una tercera temporada que es más que solo necesaria. Yo, por mi parte, la exijo: #QueremosTerceraTemporadaDeNoragamiYa. Necesito respuestas. Y seguramente me saldrá mejor leerme el manga para ello peeero, en fin, soñar no cuesta nada.

El corazón de Noragami no está realmente en la historia, sino en sus personajes. En este anime en particular son muy importantes los lazos entre ellos, cómo se ayudan para avanzar hacia aquello que quieren ser, no solo el trío de personajes principales (Yato-Hiyori-Yukine), sino también los secundarios. "Noragami" acierta en crear personajes con una buena profundidad en muy poquitos capítulos.


En primer lugar tenemos a Yato, nuestro dios vagabundo, que combina de maravilla el pasado sombrío y oscuro con lo cómico y divertido, incluso infantil en algunos aspectos. Puede ser el mayor payaso del anime o el personaje más letal de la serie, y, a mis ojos, uno de los más leales. Nuestro protagonista es un payasete con el corazón de oro, lleno de matices y complejos, que se gana al espectador prácticamente desde el momento en que aparece en pantalla; tiene luces y sombras, momentos de fuerza y debilidad que lo hacen, paradójicamente, un personaje muy humano a pesar de que hablamos de un dios (algo que, en realidad, pasa con la gran mayoría de deidades que aparecen en Noragami). Yato es uno de los personajes más queridos de Noragami, y con razón; en muchos aspectos, me recuerda mucho a Rin Okumura, de Blue Exorcist, pero con más cabeza y experiencia en lo que hace.
Después tenemos a Hiyori Iki, la protagonista femenina del anime. Para tirar topicazos abajo, Hiyori no es la típica niña de anime que llora, se esconde tras el protagonista y no hace nada útil: no, Hiyori sabe salir de un atolladero y sacar a otros de él, es amante de las artes marciales, lo cual hace de ella alguien duro y con recursos de lucha, pero también es dulce y maternal, muy leal a sus amigos y uno de los motores de la serie. Si no llega a ser por Hiyori, Yato y Yukine estarían en serios problemas en varios capítulos. El hecho de que en ella se combinen diversas emociones y formas de comportarse lleva a algunos a decir que es inconsistente, pero, a mi juicio, eso hace de ella un personaje fácil de querer, con el que uno puede identificarse, y con un puntito divertido que hace que encaje tan bien en esta historia.
De izda. a dcha.: Yukine, Yato y Hiyori
Y para completar nuestro trío protagonista tenemos a Yukine, el Tesoro Sagrado ("Shinki") de Yato. Si hay un personaje que evoluciona en el anime, ese es Yukine: pasa de ser un niño roto y furioso con el mundo a todo un héroe, dispuesto a darlo todo por sus amigos. Y, a medida que lo hace, se gana el corazón del espectador. Yukine empieza siendo un personaje que resulta difícil de querer, por su continuo enfado con el mundo (enfado más que justificado, por otra parte), sus mentiras y su agrio carácter. Sin embargo, tras un punto de cambio, Yukine comienza a aceptar lo que ha pasado, y entonces se transforma en el niño al que todos tenemos ganas de achuchar, ese que es leal a más no poder a Yato y a Hiyori. Yukine me irritaba al principio, aunque no llegué a odiarle, porque es fácil entender su enfado; cuando empezaron a pasar los episodios, y él comenzó a evolucionar, se ganó un lugar en mi corazón.
No soy capaz de elegir a un favorito en nuestro trío de oro: los tres me encantan como personajes individuales y, como equipo, son lo que cualquiera llamaría "squad goals". Es difícil no querer a estos tres; en realidad, es difícil no querer a ningún personaje de "Noragami" (excepto Nora).

Los secundarios juegan un papel importante en la historia. Tenemos, por una parte, a Kofuku y su shinki, Daikoku, alivio cómico por excelencia en la serie: gracias a ellos tenemos una gran cantidad de momentos hilarantes, por lo general debido a la vivaracha diosa y a las desgracias varias que suele causar de forma involuntaria y que Daikoku intenta evitar por todos los medios. Por otra parte, tenemos a Bishamonten, "Bisha" diosa de la guerra y mujer fatal de la serie, y a su sufrido y leal shinki, Kazuma, pareja que adquiere un protagonismo especial en Aragoto y que aportan un toque dramático que permite avanzar en la trama y ver un lado distinto de Yato. Bisha...digamos que es el tipo de personaje que no querrías cruzarte cuando está furiosa, aunque también muestra un lado muy humano de sí misma que acaba por conmover sin remedio.
En cierto modo, los antagonistas de "Noragami" no cobran gran importancia hasta la segunda temporada. El de la primera no aparece hasta casi el final y solo sirve como colofón sin mayor importancia. Es en la segunda donde empezamos a ver más del trasfondo del mundo, y cuando nos encontramos con determinados individuos que rellenan ese papel y con alguien a quien podemos definir como verdadero "antagonista". Sin embargo, volvemos al principal problema del anime: el verdadero antagonista, ese que realmente parece tener un plan para hacer daño a nuestros protagonistas, aparece justo al final...y no se explaya ni en sus motivos ni en sus capacidades. Ni siquiera se enfrenta a nadie cara a cara. Eso es lo que queda en el aire para la tercera temporada.
La única que podemos calificar de "antagonista" y que desde el principio da una terrible mala espina, es Nora. Ella sí es el personaje odioso por excelencia, que esconde una gran maldad tras una carita de ángel muy bien disimulada.

Conclusiones finales y mi nota particular:




"Noragami" es un anime entretenido: es ameno, cortito y ligero para ver en un par de días, tiene acción y buenas peleas, momentos divertidos, dulces y entrañables, y personajes a los que es fácil querer. Lidia, además, con temas interesantes, importantes, como son la aceptación de cosas que escapan a nuestro control, aquello que hacemos y de lo que nos arrepentimos, y de cómo deseamos cambiar para mejor.
Uno de sus puntos fuertes es un argumento interesante, y un mundo bien construido, curioso y diferente; su ritmo es rápido y no se va por las ramas: tiene muy presente lo que quiere contar, y lo narra de manera eficaz, de forma que enganche al espectador y lo mantenga pegado a la pantalla, sin caer en repeticiones y, la verdad, sin topicazos. Empieza de manera algo lenta, pero pronto sabe remontar esa lentitud, sobreponerse y, para el capítulo cinco de la primera temporada, entra en una vorágine de la que no sale hasta el final. La segunda temporada mejora la primera, ahondando más en el pasado de los personajes, consolidando las relaciones entre ellos y la mitología del mundo.
Merece la pena verlo, sí, aunque solo sea por su principal punto fuerte: sus personajes. Ellos hacen de "Noragami" no solo una serie entretenida, sino con un algo diferente y especial; evolucionan hasta hacerse a sí mismos, hasta hacernos quererlos. Yato, Hiyori y Yukine hacen un gran equipo, uno de los que a mí, en particular, más me han gustado de todos los animes que he visto. Se complementan perfectamente, con la combinación que sea: los tres juntos, solo Yato y Yukine, relación preciosa en la serie y a la que dedican una gran cantidad de trama mjy bien invertida, solo Yato y Hiyori o únicamente Hiyori y Yukine. Cada uno de ellos aporta una dinámica distinta al grupo.
Sin embargo, "Noragami" peca de dejar demasiadas cosas en el aire: esos pocos capítulos son un poco su perdición, porque muchos aspectos que merecen ser mejor explicados (el pasado de Yato, o el de Yukine) quedan en una simple mención, o a la imaginación del espectador. Al ser tan pocos capítulos, da la sensación de que el final de temporada, de ambas, es algo precipitado; de hecho, tiene un final muy abierto, en el sentido de que es evidente que planeaban una tercera temporada que es necesaria, pero de la que, de momento, no se sabe nada.

Os lo recomiendo, a pesar de todo, incluidas las ovas, que son divertidísimas. "Noragami" os hará pasar un buen rato, y es un buen anime para distraerse; si os gusta el anime sobrenatural, dadle una oportunidad a Yato, Hiyori y Yukine, no os arrepentiréis.

Mi nota para "Noragami" es de:
7'5/10
Mi nota para "Noragami Aragoto" es de:
8/10
Global:
7'75/10

¡Nos leemos, bloggeros!

martes, 13 de junio de 2017

En el ojo del huracán: "Por trece razones (13 Reasons Why)"

¡Buenas de nuevo, bloggeros!

Han pasado un par de meses desde que publiqué ninguna entrada, principalmente por mi histeria pre-exámenes y la resaca de información posterior, pero bueno, por suerte o por desgracia ya estoy aquí de nuevo para daros un poco la tabarra.
Os cuento un poco de qué va esto. Durante las vacaciones de semana santa, (que me pasé en parte estudiando) apareció en Netflix una serie de la que seguro habéis oído hablar todos: "Por trece razones", o, como la conocen originalmente, "13 Reasons Why" (a partir de ahora 13RW).
La cuestión es que nos llamó la atención a mi madre, a mi novio y a mí, empezamos a verla y nos enganchamos. Cuando la acabé, pensé en hacer una reseña, pero volví a la universidad y las últimas semanas de clase me absorbieron. La cosa quedó, por tanto, ahí, con 13RW como una de mis series pendientes para reseñar aquí.
La idea original, era hacer una reseña, sí, pero unas últimas noticias un tanto controvertidas alrededor de la serie, su polémica temática y una amplia gama de opiniones en redes sociales me han llevado a querer expresar la mía, no tanto sobre la serie como tal, sino también sobre su mensaje y la puesta en escena de este. Casi me da un poco de miedo hablar del asunto, porque veo que se me va a echar encima media red, pero me apetece hablar sobre ello.
Y así es como la reseña pasó a ser esto, un artículo de opinión, y con ello os dejo. Aviso: el artículo contiene spoilers de la serie; si no lo hiciera, no podría exponer adecuadamente mis argumentos.

En el ojo del huracán: Por trece razones (13 Reasons Why)



"Soy Hannah. Hannah Baker. Voy a contarte la historia de mi vida. La razón por la que mi vida se terminó. Si quieres saber más, solo dale al play".

Antes de nada, os pongo en situación. "Por trece razones" es una serie original de Netflix de trece capítulos, basada en el libro homónimo de Jay Asher, y que cuenta con un reparto coral entre los que destacan Katherine Langford, Dylan Minette, Kate Walsh, Christian Navarro, Miles Heizer o Alisha Boe entre muchos otros. La historia trata unas temáticas tan duras como actuales: el acoso escolar, el acoso sexual y la violación, y el suicidio.

Hace un par de semanas, Hannah Baker se quitó la vida. Al volver a casa tras el instituto, Clay Jensen, uno de sus compañeros, se encuentra con una caja de zapatos que contiene siete cintas de cassette. Al reproducir la primera de ellas, Clay descubre que las cintas han sido grabadas por la propia Hannah antes de suicidarse: cada cinta cuenta un pedacito de su historia ligada a otra persona de su entorno, "una razón" que la ha empujado a tomar su decisión. Las normas que ella narra en la primera cinta son sencillas: las escuchas y las pasas al siguiente de la lista. De no hacerlo, una segunda copia de las cintas, que Hannah dejó a alguien de confianza, saldría a la luz.
Y así, tanto Clay como nosotros empezamos a escuchar a Hannah y nos sumergimos en una historia oscura y dolorosa.

Es evidente que, con esta premisa, ver esta serie no es fácil. No es fácil ni tampoco recomendable si estás pasando por un mal momento, porque es una serie que habla de enfermedad mental, como la depresión y la ansiedad, del acoso, la violación y, por supuesto, el suicidio. En ningún momento se vende de otra manera: tiene misterio, sí, claro, el espectador está continuamente deliberando por qué, intentando averiguar quién sale en cada cinta y qué hizo a Hannah, pero desde el primer momento "13RW" se vende y promociona como una serie complicada, difícil de ver. Su contenido es difícil y cruento, especialmente a medida que pasan los capítulos y se acerca el final. La serie no se deja nada en el tintero: no pasa de largo las escenas violentas o de contenido sensible, de acuerdo con el equipo, porque era necesario hablar de ellas. Es necesario concienciar.
Y aquí precisamente reside la polémica. Lo que muchos han alabado por ser una concienciación y una clara muestra del daño que se le puede llegar a hacer a una persona, con actos ya no solo grandes y deplorables, sino también pequeños y aparentemente inofensivos, otros lo han criticado duramente por el hecho de mostrar escenas gráficas de suicidio y comportamientos tóxicos. En concreto, psicólogos y asociaciones han criticado duramente la escena del suicidio de Hannah, en el que la chica se corta las venas con una cuchilla y se desangra en la bañera, porque afirman que podría llegar a incitar al suicidio. O, directamente, que incita al suicidio, omitiendo el "podría".
La polémica ha empeorado recientemente a causa de esta noticia: hace poco más que una semana, un joven peruano fallecía tras saltar de su balcón. Había sufrido un desengaño amoroso y, junto a una nota a la mujer que le había roto el corazón, también dejó una serie de audios en su ordenador. Sí, de una manera prácticamente igual a Hannah.
Polémica servida.
Enseguida apareció una gran respuesta en las redes en contra de la serie, acusándola de mostrar el suicidio como algo bonito, glorificarlo, o, incluso, como una venganza personal contra los que consideramos los culpables de nuestros males. En marzo, todo eran alabanzas hacia la historia: lo bien que mostraba el acoso, las consecuencias de este y cómo se puede llegar a destruir a una persona con los actos, con una mínima chorrada que, para otro, para alguien que lo está pasando mal, puede ser un mundo. Todo eran halagos hacia el equipo por concienciar y sensibilizar, y hacia los actores por el buen trabajo que habían realizado.
Ahora en junio, resulta que la serie es el demonio reencarnado. Y yo me pregunto: ¿cómo hemos llegado a ambos extremos? Porque creo que me he perdido el paso intermedio.


Vayamos por partes.

Uno de los principales argumentos contra "13RW" es que el suicidio está glorificado en la serie. Y ahí es cuando pregunto ¿qué serie habéis visto? Porque no es la misma que he visto y.
La escena del suicidio de Hannah no tiene nada de poética. Es horrenda. Es devastadora. Es desagradable. Es muy desagradable de ver, es incómoda y desgarradora (y en esto sí estoy de acuerdo con la gente que dice que tal vez no era necesario; es muy gráfica, puede que demasiado): la ves a ella, llorando y temblando, hecha un manojo destrozado, la sangre le brota desordenada y sin control de las muñecas y oyes el repiqueteo del agua mezclada con esa sangre mientras su respiración se va a apagando. No es poética en absoluto. Es terrible de ver, y empeora cuando sus padres la encuentran en la bañera. Es desgarrador.
Durante toda la serie se hace hincapié un montón de veces que el suicidio de Hannah no solo ha acabado destrozando su vida. Ha destrozado la de sus padres, la de Clay, la de Tony, la de mucha gente a su alrededor. Y eso no tiene nada de épico, de bonito, ni de glorioso: es una muestra de cómo se trastoca la vida de tus seres queridos cuando te quitas la tuya. No, claro que no. Ni épico, ni romántico. Bécquer y el romanticismo poetizaron el suicidio. Esto, no.
Y esto nos lleva a hablar de uno de mis argumentos favoritos por lo asquerosamente común del hecho: "Hannah se quita la vida sin importarle nada más". Sí, echemos la culpa a la chica a la que han humillado públicamente, acosado, humillado y violado. Porque claro, todo eso no son razones para sentir que todo el mundo va a hacerte daño, para no valorarte a ti misma y para querer deslizar una cuchilla sobre tus muñecas. Perfecto. Culpabilizar a la víctima es una gran manera de quitarnos las culpas de encima; sociedad, lo estás haciendo genial.

Es muy cierto que otra de las críticas, con la que estoy algo de acuerdo, es que Hannah utiliza las cintas como venganza. Sí, yo también lo pienso, pero me sorprende ver que todo el mundo lo ve como algo...raro. Antes de explayarme en esto, un pequeño apunte de comparación: ¿habéis leído el libro? Si no lo habéis hecho, leeros un par de párrafos de explicación de Hannah, porque algunos no tienen desperdicio. La Hannah de la serie es bastante menos vengativa con respecto a las cintas. En la Hannah de la serie se ve un trasfondo diferente: se insiste más en que quiere que la gente que escucha las cintas entienda por qué le han hecho tanto daño y por qué ha tomado esa decisión. Y ahí reside un punto positivo de "13RW". Habla de los porqués. Muchas veces, lo que nos mata es el no saber. La incertidumbre. Criticamos que Hannah obligue a sus compañeros a saber todas las caras de lo que ella considera su historia, de sus razones, pero, en realidad, para algunos, el no saber es mucho peor que el no saber. Tal vez, el hecho de saber, de que Clay sepa qué ocurrió, haya salvado la vida a Skye Miller.
Y no os voy a decir que no crea que tiene un cierto componente vengativo: claro que lo tiene. Las cintas son una explicación para los motivos de Hannah, pero por supuesto que son también una venganza.
"¡Oh, qué mala, eso es de ser mala persona!"
No seáis cínicos, ni hipócritas: somos humanos, y, por naturaleza, cuando alguien nos hace daño, por muy buenas personas que seamos, en algún momento pensamos que tendría que pagar por ello. Hannah es humana, y, además, tiene depresión. Depresión por toda la mierda (perdonadme la expresión) que le están haciendo tragar entre todos sus "queridísimos y simpatiquísimos" compañeros del Liberty High. Así que sí, entiendo que las cintas sean una manera de hacer daño. No lo justifico, al menos no con mi estado de ánimo actual, pero lo haría estando en su piel. Y lo entiendo.
"¡Pero poner el suicidio como una venganza es tóxico, no es ético ni moral!"
Claro. Evidentemente. El suicidio es tóxico. Utilizarlo como una venganza no es ni ético ni moral. Pero lo hacemos. Lo hacemos porque es una forma de descargar enfado y furia, de descargar rabia contra la gente que nos ha hecho daño. Y eso es lo que está mostrando "13RW". En ningún momento da ese mensaje: claro que lo que hace Hannah está mal. Pero es algo que, admitámoslo, la gente ya podría llegar a hacer sin la ayuda de una serie.

Os voy a recordar algo que parecemos haber olvidado: el suicidio ya existía antes de esta serie. La depresión ya existía antes de esta serie. Las notas de suicidio ya existían antes de esta serie. Y la historia ya existía antes de esta serie. Esta historia está basada en un libro que se publicó hace diez años; sí, vale, admito que todos sabemos que los libros no tienen ni la mitad de repercusión que la televisión, algo que a mí me duele en el alma, pero he aquí el quid de la cuestión.
Me estoy desviando del tema. El principal problema que veían los expertos es que la escena del suicidio se muestra de manera demasiado gráfica. Totalmente de acuerdo. Es una escena terrible y para una persona que puede estar pasando por algo así o similar puede ser peligroso.
Pero, ¿realmente podemos afirmar que incita al suicidio, así, tan tranquilamente y sin matizar? Siento deciros que no puedo estar de acuerdo. No del todo. No os voy a soltar el típico argumento: hay advertencias de contenido sensible en cada uno de los capítulos. Bueno, sí, lo voy a hacer para dar pie a la siguiente contestación: "Alguien que tiene problemas mentales no hace ni caso de una advertencia. Ni siquiera le importa". De acuerdo, totalmente de acuerdo: cuando alguien está tan destrozado no quiere ni hacer caso de esas advertencias. Ni le importan y, además, ya se siente como una carga. Y así llegamos a donde yo quiero llegar: ¿por qué está sola una persona que necesita ayuda? ¿Por qué la dejamos de lado, o por qué está encerrada en sí misma y nadie se preocupa por ayudar?
Siento descubriros que, en este caso, el problema no lo tiene la serie. Ni tampoco el libro. El problema lo tenemos nosotros como sociedad, por culpar de estos temas tabús a materiales que lo tratan y que intentan visibilizarlos, con más o menos errores (porque no os equivoquéis, no defiendo en absoluto que la serie sea perfecta: tiene errores y muchos), en lugar de admitir que tenemos un problema: cuando nos enfrentamos con algo que no sabemos afrontar, cerramos los ojos, hacemos como que no mirarmos, y nos escandalizamos cuando suceden las cosas. Y entonces buscamos culpables, culpables que no seamos nosotros, por supuesto.

Claro que el suicidio es un tema peliagudo (y con peliagudo me quedo más que solo corta) y por eso precisamente deberíamos tenerlo más presente. Deberíamos tenerlo mucho más en cuenta. He visto una gran cantidad de críticas por "la serie incita al suicidio y los expertos lo afirman". Pero ¿sabéis una cosa? La escena de la violación de Hannah está en una página porno. O, al menos, estaba. Sí, no habéis leído mal. Y no he visto ni la mitad de protestas por esto en los diarios o en Twitter, donde, por cierto, es donde me enteré y donde, hay que reconocer, la gente protestó por ello. Y ¿sabéis otra cosa? Ningún experto ha salido defendiendo lo tóxico de este comportamiento, lo asqueroso que es que una sociedad se sexualice una violación, y nadie ha salido clamando al cielo porque había comentarios del tipo "es que que yo me masturbe con una violación no quiere decir que salga a la calle a violar a nadie". Querido, el problema es que te excite un acto en el cual se está forzando a una persona. Eso es un problema mental. O, bueno, en esta sociedad a lo mejor es señal de estar totalmente sano, ¿no?
En cualquier serie de procedimientos policiales, si hay una víctima femenina hay un 90%  de probabilidades de que haya sido violada antes de asesinada. Y es muy posible que en flash-backs o al principio del capítulo se muestre la violación de una manera que a cualquier chica nos pone los pelos de punta, casi explícita, por la situación, el contexto y la violencia de la imagen. Pero ahí no pasa nada. Y claro, eso no es incitar a nada. Con eso no hay tanto problema, ¿verdad? Hay un problema con lo que muestra esta serie, pero podemos aguantar perfectamente que a alguien le abran la cabeza con una taladradora en pantalla o que le rompan todos los huesos del cuerpo con un bate de béisbol. Lo vemos como lo más normal del mundo, cuando sabemos de sobra que hay gente que tiene esos impulsos. Pero en este caso, nadie sale a argumentar que este comportamiento se fomenta.
Ja, ja, ja. Permitid que me ría.
A eso se le llama doble moral social. Y no quiero fomentarla.

Conclusión


Voy a terminar la entrada dándoos una reflexión: si "13 Reasons Why" incita al suicidio, ¿cualquier serie procedural incita a matar? ¿"Dexter" incitaba a descuartizar a gente? ¿Series como "Castle" o "Hawai 5.0" incitan a cometer crímenes? Porque si lo ve un psicópata pueden estar fomentando y estimulando sus ganas de matar y, encima, dándole ideas para cometer un crimen. ¿Series como "The Walking Dead" me harán creer que van a salir zombies hasta debajo de las piedras?
Después de esta analogía un tanto cutre, os doy una mini aportación de teoría de la comunicación: es cierto, los medios tienen una responsabilidad social. Son uno de los principales componentes de la democracia y, o bien representan un reflejo de nosotros, o nos proporcionan parámetros para vivir nuestra vida (lo cierto es que los expertos no se ponen de acuerdo en esto, y si no lo hacen ellos, menos lo voy a hacer yo). Pero también es verdad que somos nosotros los que decidimos el punto de vista desde el que consumimos los productos mediáticos: que los medios nos insuflan información sin que interactuemos con ella o la cavilemos es una teoría totalmente  descartada (adiós aguja hipodérmica). Siempre y cuando no hablemos de propaganda manipuladora, obviamente, que no es el caso. No vivimos en la época de "La guerra de los mundos" de Orson Wells, en la que la gente entró en pánico porque creía que nos invadían los extraterrestres.
Conclusión: si le echamos toda la culpa a una serie, en lugar de admitir que no prestamos suficiente atención a la gente de nuestro alrededor que puede necesitar ayuda, entonces tenemos un grave problema como sociedad. Dejad de hacer demagogia barata: simplificar la realidad no es deseable y mucho menos saludable.
"13 Reasons Why" tiene aciertos y tiene fallos, por supuesto. No es un material fácil de ver, pero su principal problema, o, mejor dicho, el principal problema que tiene el mundo con la serie, es que, en el fondo, nos asusta vernos tan bien representados. Nos asusta ver el daño que podemos llegar a hacer.

jueves, 30 de marzo de 2017

Reseña "Ofrenda a la tormenta" (Trilogía del Baztán 3)

¡Buenas otra vez, bloggeros!

Aprovecho que tengo un ratito libre para traeros, esta vez sí, la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta", de la escritora española Dolores Redondo. Podéis leer mis dos reseñas anteriores sobre la primera y la segunda parte aquí y aquí respectivamente. Aviso: la reseña no contiene spoilers de la tercera parte de la trilogía, pero, evidentemente, sí de sus dos predecesoras.





Sinopsis
Tan solo un mes después de rescatar a Ibai de las tétricas garras de su madre, Rosario, y el doctor Berasategui, Amaia Salazar debe enfrentarse a un nuevo y espeluznante caso: en Elizondo aparece muerta una niña en circunstancias sospechosas. La pequeña parece, en un principio, haber muerto de muerte súbita del lactante, pero hay una serie de detalles que llaman la atención de los inspectores, como las marcas rojizas en el rostro de la niña, propias de la asfixia, y el convencimiento de la abuela de que el padre de la criatura tiene algo que ver. Las sospechas se confirmarán cuando, en un extraño movimiento, dicho progenitor intente llevarse el cadáver del bebé. Entonces, Amaia y su equipo se encontrarán con el caso más peliagudo de sus vidas, un caso que se remonta a décadas atrás, que dejará un rastro a lo largo del río Baztán y que explicará todos los sucesos que han ido ocurriendo en el Valle...

Mi opinión
En un principio, tenía pensado escribir esta reseña antes, de seguido con los otros dos libros. No pude hacerlo de inmediato, sin embargo, porque al ir leyendo, y, sobre todo, al terminar el libro, me encontré con que necesitaba procesar el final de la historia, llegar a términos con mi opinión sobre él.
Como ya os comenté en la reseña de "Legado en los huesos", devoré con ansia las dos primeras partes de la trilogía, y cada uno de los libros acapararon mi atención y me engancharon de una manera colosal. Ambas se las apañaron para mantenerme pegada a las páginas, rumiando para mis adentros mis teorías conspirativas, pero siempre sorprendiéndome al final. Por estas razones, tenía las expectativas muy altas con respecto a "Ofrenda a la tormenta"...y resultaron ser demasiado altas.
"Ofrenda a la tormenta" decepciona a su lector. No es una mala novela, en absoluto, pero comparada con sus dos predecesoras palidece hasta lo decepcionante, por una serie de razones que os enumero a continuación.

En primer lugar, Dolores Redondo nos acostumbra demasiado bien en las dos primeras novelas: es una lectura rápida, siempre aportando pequeños detalles, con un giro final que no resulta predecible. Problema de "Ofrenda a la tormenta": el lector sabe perfectamente por dónde va la línea argumental desde el principio del libro, incluso, si comienzas a atar cabos y a darle vueltas, desde el segundo libro. Es predecible, remotamente predecible. Desde el primer momento sabes a la perfección por dónde va a salir el asunto. Y, lo peor de todo, es que el lector lo ve a kilómetros, pero Amaia, la que se supone que es la inspectora estrella, con ese instinto sobrenatural, no lo ve hasta que, literalmente, se le echa encima para matarla. Hablaré de Amaia posteriormente, porque tengo muchas cosas que decir de ella en esta entrega, pero os advierto ya de que me ha decepcionado enormemente, como personaje, como policía y como mujer.
Es cierto que Redondo, por la forma de explicárnoslo, ya contaba con ello, con que el lector vería venir este final: es su forma personal de dar a entender por lo que pasa la protagonista (quien, al principio, tiene menos información que nosotros). Es intencionado, pero después de la intriga, del ansia, de los giros que lo dejan estupefacto, el lector no lo asume. Yo, por lo menos, no.
Otro problema de "Ofrenda a la tormenta", y que deriva de esa predictibilidad, es que el ritmo de la novela es lento. La primera mitad del libro parece estancada, no fluye como fluía en las anteriores, y hasta que no llega esa mitad, con un punto crítico, en el único giro que no se ve venir de la trama pero que rompe el corazón del lector. Sí, esa primera parte se hace lenta, incluso algo tediosa. Y, por desgracia, la segunda parte, la más interesante, no logra salvarla.
Como segundo fallo que, a mi juicio y en esta novela en particular resulta imperdonable, es que se deja muy de lado esa aportación de la mitología y la magia, precisamente en el momento en el que más se la necesita. El tarot apenas importa, el supuesto ser malvado que es, en realidad, el responsable de todo, pasa muy desapercibido. No hay apariciones de Mari, en lo que se supone que debía ser su momento estelar. La confrontación final entre las dos grandes fuerzas se queda en poco más que una escena con una meteorología un tanto violenta. Pero nada más. Se ahonda tanto en el drama de Amaia, en ese drama personal que, además, se busca ella solita, que resulta, en cierto sentido, tedioso. Tal vez ese drama habría sido un poco más llevadero si contásemos con mayor participación del círculo familiar o de amigos de Amaia, pero, de nuevo, y en esta entrega, pasa mucho más desapercibido, igual que los flash-backs familiares intercalados entre los capítulos de la trama actual y que tanto bien hacían en las anteriores para avivar nuestro interés. De nuevo, cuando más se los necesita para darle un nuevo ritmo.
Como crítica personal, hay un cierto aspecto, cerca del desenlace, que a mí me chirrió especialmente: el ansia de conectar todo con este libro. El lector entiende que la conexión entre el inductor de "Legado en los huesos" es necesaria con el antagonista principal de "Ofrenda a la tormenta", sus crímenes, al fin y al cabo, son por las mismas razones. Encaja, y prácticamente sin esfuerzo. El problema, lo que chirría, es la conexión entre el asesino y los crímenes de "El guardián invisible" y los de este libro. Esa conexión ya resulta como un recurso demasiado oportunista, demasiado cogido por los pelos: llega a ser el gran "sí, pero no" que el lector percibe. El problema de "Ofrenda a la tormenta" ha sido intentar conectar de cualquier manera los crímenes, porque la vinculación entre los asesinos tiene hasta una cierta plausibilidad. Ni mucho ni tan poco: esta necesidad de conexión, de explicar todo, de repente cojea en determinados momentos en los que sí habría apreciado una explicación (por ejemplo, el  asunto del agente Dupree; en el segundo libro, estaba segura de que estaba muerto, pero en este ya no lo tengo nada claro).
Por supuesto, lo que no cambia, no cambia: el lenguaje de la autora y su forma de narrar es llevadero, y ese es el punto a favor de la trama.

Entramos ahora en un terreno un tanto pantanoso: los personajes. Peliagudo como mínimo.
Amaia. No sabéis lo muchísimo que me he enfadado con Amaia en esta entrega, lo furiosa que he acabado con ella. En un cierto momento, ya incluso me daba absolutamente igual lo que le ocurriera. Amaia me ha decepcionado. Y lo digo sin miedo y con una cierta rabia. La Amaia de este libro no es la Amaia de los dos anteriores: está secuestrada. No parece ella, excepto en un par de momentos puntuales en los que el lector hasta se sorprende. Esto, por supuesto, tiene su explicación dentro de la trama, y el lector lo entiende, claro que lo entiende, pero eso no quita que tenga unas ganas horrendas de sacudirla. El personaje, en esta entrega, frustra, cansa y enfurece, porque no solo es incapaz de ver lo que tiene delante de sus malditas narices, sino que es incapaz de ver más allá de su propia nariz. Amaia se vuelve egoísta, caprichosa, atolondrada, como una adolescente enrabietada y controlada por sus hormonas. Su instinto, su buen hacer como policía, desaparecen cuando ella y sus compañeros más los necesitan y cuando el lector más quiere verla en acción. No queda nada de la Amaia que se nos presenta como una rompe-estereotipos, como una mujer fuerte e independiente, con olfato para las investigaciones y que no se deja controlar. Porque todo eso queda sepultado por el motivo más viejo del mundo: un hombre. Esto está pensado, por supuesto, para que veamos que Amaia tiene fallos y se equivoca, pero el problema es que eso ya lo habíamos visto con su síndrome de estrés post-traumático en la primera entrega y con sus miedos con respecto a ser mala madre en la segunda. ¿Os acordáis de esos miedos, de esa necesidad de estar con su niño y darle lo mejor? Pues en esta entrega desaparecen como si nunca hubieran estado allí.
Citando a Mushu en Mulán, "Deshonra sobre tu vaca, Amaia Salazar". Y a las pruebas me remito.

En cuanto a los antagonistas...tengo sentimientos encontrados.
El principal antagonista del libro (y que resulta ser el de toda la saga) resulta ser el más flojo de todos. Se nos muestra como una persona con un poder carismático increíble, casi mágico (y posiblemente mágico), pero a la vez es tan terriblemente predecible quién es que ni siquiera resulta una amenaza para el lector. Pretende ser encantador y, sin embargo, a mí en particular, me resulta irritante y poco sutil.
Quedaba, sin embargo, la baza (y esperanza del lector) que también conecta todos los males de Amaia en los tres libros: Rosario. Su madre, que sí que es mala de verdad, que resultaba una amenaza terrorífica en "Legado en los huesos"...y que queda desaprovechadísima en este libro. Para todo lo buen personaje que es, lo que podría haber dado de sí en este final, Rosario queda descafeinada y con un decepcionante derrotero en esta entrega. El lector se queda con la sensación de: Bueno, ¿y tanto para esto?

Los personajes de la familia de Amaia pasan a segundo plano. Incluso, a tercer plano. Apenas aparece la tía Engrasi, lo cual es un punto en contra de la historia, porque la tía Engrasi siempre es ese puerto al que Amaia recurre cuando está perdida y que entretiene al lector. Pero ahora, cuando más perdida está, no acude a ella, y el lector la echa de menos.
La línea interesante en el círculo familiar la proporcionan las hermanas de Amaia: Ros y Flora. Por fin Ros nos muestra su cara decidida y pone contra la pared a su viperina hermana mayor, lo cual es un alivio para el lector. Y en cuanto a Flora, bueno, vemos un poco más de ella, e incluso le tenemos algo de lástima (cosa que yo creía impensable a lo largo de la trilogía, porque si alguien aparte de Rosario era una mala víbora, esa era su hija Flora): conocemos también el por qué de su relación con Anne Arbizu, la única baza que le quedaba a Redondo para sorprendernos en este libro (y que yo valoro positivamente). 
En cuanto a James...a ese hombre hay que ponerle un altar. Como una catedral. No puedo decir más de ese pobre hombre, pero alguien así no merece esto.

Los compañeros de Amaia, especialmente Jonan Extaide y Montes (personaje que ya me sorprendió en la anterior entrega), siguen con su particular buen hacer. Jonan, quien es, sin duda, el mejor personaje de las novelas, resulta ser, sin ninguna sorpresa, el que mejor ve las orejas al lobo...y el personaje más previsor del libro. Sin Jonan, Amaia no habría dado con el culpable ni en cien años. Y es por Jonan por quien ella despierta, en el único momento en el que el lector acaba por empatizar con Amaia y en el que ella vuelve a ser, por momentos, ella misma.
Por su parte, Zabalza sí que consigue, aquí, ganarse por fin una cierta simpatía del lector, simpatía que le hacía falta.

Conclusiones generales y mi nota particular


No puedo decir que esté satisfecha con "Ofrenda a la tormenta". No es un mal libro, en absoluto, pero su principal problema es que, comparado con sus dos predecesores, palidece y decepciona terriblemente a su lector. Dolores Redondo nos tenía muy mal acostumbrados en los dos anteriores: trama poco predecible, giros inesperados, momentos al final que nos dejaban con la boca abierta, ritmo que no decaía, mezcla entre mitología y realidad...
"Ofrenda a la tormenta" no tiene nada de esto. El giro final no es ningún giro, porque el lector lo ve venir desde el primer momento (e, incluso, desde el segundo libro), es evidente quién está detrás de todo, la mitología pasa a un tercer plano cuando, en teoría, debía ser su momento estrella, y el ritmo es desigual: la primera mitad de la novela es lenta, y la segunda, si bien mejor, no consigue remontar ese ritmo pesado de la primera parte.  Además, el punto crítico para el cambio en el ritmo, aquello que marca una división tajante entre la primera y segunda parte, es un suceso que destroza el corazón del lector. Siendo honesta, era algo que, al principio, yo no podía ni quería creer, y admito que tuve que dejar de leer hasta el día siguiente porque me enfadé tantísimo que era incapaz de seguir.
Como colofón final de una trilogía tan buena, no está a la altura: no deja un sabor de boca tan bueno como sus predecesores, ni tan bueno como hubiera gustado con esta trilogía. En realidad, es una sensación agridulce, con la idea de que se han conectado en exceso cosas que no necesitaban  ser conectadas ni hiperexplicadas y otras que sí habrían necesitado un ahondar más profundo quedan en el aire, a total interpretación del lector.
Amaia es, directamente, insoportable en este libro: no queda ni rastro de la Amaia que conocemos, de su instinto y su buen hacer, que quedan subyugados por un motivo, si bien bastante explicado en la novela, totalmente irritante. Este libro, en ese sentido, deforma al personaje; en mi opinión, en lugar de conseguir que sintamos simpatía por Amaia, que la veamos como alguien que comete errores y se equivoca, la novela consigue que la veamos como alguien que no merece esa simpatía, por puro egoísmo y egocentrismo. El resto de personajes quedan relegados a ese drama de adolescente hormonal de Amaia, y eso no sienta bien a la novela. Paradójicamente, las mejores tramas son las secundarias, las que protagonizan Ros y Flora, por ejemplo. Esas sí nos recuerdan la fuerza que tenía la trama en los dos libros predecesores. Sin embargo, muchos personajes quedan desaprovechados, y eso no hace ningún favor a la novela: en favor de un antagonista más bien predecible e incluso algo descafeinado, se sacrifican otros que daban un juego mayor.
En conclusión, "Ofrenda a la tomenta" se salva por el buen narrar de Dolores Redondo, por su habilidad para contarnos esta historia, por las pequeñas chispas de sorpresa que aguarda en las líneas secundarias de la trama y por la estela de sus predecesores.

Mi nota para "Ofrenda a la tormenta" es de:
6/10

En cuanto a las conclusiones de la trilogía, puedo decir que es una trilogía interesante, diferente, y que, en conjunto, sí recomiendo. Me ha gustado, y he disfrutado mucho con ella. Sin embargo, me mantengo en lo dicho: "El guardián invisible" es bueno, "Legado en los huesos" es muy bueno, y "Ofrenda a la tormenta" solo está bien.

jueves, 23 de marzo de 2017

Review "La Bella y la Bestia" (2017)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Sí, sé que la última vez os prometí que la próxima entrada sería la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta" (con el cual ya he llegado a un cierto entendimiento después de días y días deliberando), pero el lunes pasado fui al cine con mi madre, mi hermana y mis tías a ver una película que llevábamos esperando durante bastante tiempo: el live-action de "La Bella y la Bestia". Y cuando salí del cine, llegué a la conclusión de que la película bien merecía una reseña, así que por decirlo de manera coloquial, esta se coló en la cola de reseñas pendientes y ascendió puestos con una rapidez que ni el mismísimo correcaminos. Tranquilos, sin spoilers (aunque, teniendo en cuenta la película en cuestión, no creo que eso resulte un problema para nadie, en realidad).


Ficha técnica (aka. info general):

"La Bella y la Bestia" ("Beauty and the Beast", en inglés original) es un live-action de fantasía y romance basado en la película homónima que ya realizó Disney en 1991. Ha sido dirigida por Bill Condon y cuenta con un estelar reparto entre los que se incluyen Emma Watson, Dan Stevens, Ewan McGregor, Emma Thompson, Ian McKellen, Luke Evans, Josh Gad, Audra McDonald y Stanley Tucci. La música, como en la versión de 1991, corrió a cargo de Alan Menken e incluye canciones originales además de las que ya encontrábamos en la cinta original.

Argumento:

Érase una vez que se era, en un rincón de la brillante Francia, un príncipe que poseía todo lo que podía desear. Sin embargo, el príncipe era egoísta, déspota y consentido, y disfrutaba demostrando su ostentosidad y su riqueza celebrando portentosas fiestas. Una noche, en medio del fulgor de las luces y la armonía de las notas musicales, se presentó en su castillo una vieja anciana mendiga, pidiendo cobijo del terrible temporal. A cambio, la anciana le ofreció al príncipe una rosa. El príncipe despreció el regalo y expulsó a la anciana de su castillo, burlándose de su aspecto de pordiosera; ella le advirtió que no se dejara llevar por las apariencias, puesto que la belleza se encuentra en el interior, pero él volvió a despreciarla. Entonces, la anciana se convirtió en una bellísima hechicera. El príncipe imploró clemencia, pero ya era tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Como castigo, le transformó en una horrible bestia y lanzó un hechizo sobre el castillo y todos sus habitantes, como condición para romper el maleficio, el príncipe debía aprender a amar, y ganarse, a cambio, el amor de otra persona, antes de que cayera el último pétalo de la rosa encantada que ella le había ofrecido.
Gracias al maleficio, el príncipe y su castillo cayeron en el olvido.

Años después, en el  pueblo de Villeneuve, vive Bella, una inteligente y hermosa muchacha con una gran inventiva, adelantada a su tiempo y que adora leer. Bella, quien ansía vivir aventuras y ver el mundo, se siente atrapada en su pequeño pueblo, pequeño y repleto de gente de pequeñas miras, pero su padre, Maurice, opina que pequeño también es sinónimo de seguro, por lo que Bella continúa viviendo en él, día tras día como aquel que lo precedió. Sin embargo, cuando su padre desaparezca en un viaje al mercado, la joven se adentrará sin dudar en el bosque y llegará a un cierto castillo encantado en el que vivirá la mayor aventura de su vida.

Reseña general:

Como una de los muchos que crecimos durante los años 90, para mí, "La Bella y la Bestia" es un clasicazo, un largometraje imprescindible en mi colección y uno de mis favoritos personales (algo en lo que debemos culpar a la influencia de mi madre, cuyo cuento favorito es este, y cuya película favorita es esta). Puede decirse que cuando Disney anunció sus planes de un remake en live action tenía mis dudas, porque, si debo ser honesta, me daba un poco de miedo que la destrozaran o hicieran algo que no tenía nada que ver (como ya me ocurrió con "Maléfica", a la cual puedo rebautizar por su nombre cibernético, Benéfica, sin ruborizarme lo más mínimo). Destrozar "La Bella y la Bestia" habría sido un auténtico crimen.
Sin embargo, el live action de "La Cenicienta" sí me sorprendió para bien, reconciliándome con los live-action de la compañía, y reconozco que, a medida que Disney anunciaba a los actores que darían vida a los personajes, lanzaba un sneak peek, un teaser o un mero póster, mi interés crecía cada vez más, hasta el punto en que llegué a contar los días que faltaban para el estreno.
Cuando esperamos algo con tantísimas ganas, muchas veces, nos creamos grandes espectativas, y por ello a menudo el resultado final nos decepciona.
No ha sido así en absoluto.
Mis preocupaciones principales resultaron infundadas: esta nueva "La Bella y la Bestia" es un bello homenaje a su material de base, y es tan magnífica como lo es esta.

La cinta te encandila desde que las primeras notas del famoso prólogo se escuchan resonar por los altavoces del cine, precediendo a la voz de la Hechicera, la ambientación te mantiene pegado a la butaca y la línea narrativa nos guía a través de un precioso largometraje que añade una cierta información que enriquece a la historia y a los personajes que todos conocemos y que tantas veces hemos visto.
Es cierto que, evidentemente, no depara grandes sorpresas: la historia sigue siendo la misma, y sigue la línea exacta de la película de animación, llegando incluso a imitar los planos de cámara que ya veíamos en esta. 
Pero entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué merece la pena ver "La Bella y la Bestia"?
Porque derrocha corazón.


La película tiene un aire de nostalgia que nos resulta, a los viejos conocidos de la película animada, enternecedor y, en cierto modo, emocionante. En esta película, la animación cobra vida literalmente. Y eso nos da más.
Me explico un poco mejor: la cinta ha añadido metraje y, por tanto, historia. Y le sienta de maravilla, porque esas pequeñas piezas de historia, esos detalles cuidados son los que nos proporcionan más, ese algo que consigue que esta nueva versión encandile cuando ya tenía, gracias a su animada antecesora, unas espectativas demasiado altas.
Nos da más en el sentido de que conocemos más a Bella, a Bestia, a los personajes del castillo, a su historia personal. Nos da más en el sentido de que desarrolla a los personajes, a quiénes son y por qué llegaron a ser lo que son, al tiempo que evolucionan a aquello que vemos al final. Y no solo ocurre con los principales, sino también con los secundarios y, en último término, con los villanos.
Este alargamiento de metraje también ha servido y muy bien para aplacar esos flecos sueltos que quedaban en la cinta original (por ejemplo: ¿A qué edad fue hechizado Bestia, si la rosa solo sigue fresca hasta su vigésimoprimer cumpleaños? o ¿Por qué nadie en la aldea se acuerda del castillo?), y aporta explicaciones que satisfacen al espectador.
Por supuesto, otro punto a favor de la cinta es su ambientación. La ambientación de la película es maravillosa, el uso de los colores, las luces, el vestuario (mención muy especial para el vestuario, que es realmente impresionante), el escenario... Y las canciones.
Cómo olvidarnos de las canciones, de la magnífica banda sonora que tiene la película. Que Alan Menken es un maestro lo sabe hasta el más pintado, pero él lo reafirma sin siquiera despeinarse con los añadidos a las canciones originales y las nuevas e inéditas para la película (si "Evermore" no gana un Óscar el año que viene, estaré más que solo decepcionada). Superarse era difícil: el señor Menken lo consigue. Todo hay que decirlo: en inglés es incomparable. En español sí que es un poco más floja, pero, siendo honesta, era imposible superar a la versión original. Mil gracias a Disney España por respetar la traducción original de la cinta animada: si no lo hubiera hecho, no estaría alabando la banda sonora en español, os lo aseguro.


Era evidente que, en el plano actoral, "La Bella y la Bestia" no podía fallar. Tiene un reparto con actores espectaculares, con una gran diversidad (otro punto a favor en la cinta), así que fallar en ello no era una opción y, por supuesto, no lo hace. Si hay un aspecto que da a la cinta la calificación de obra maestra, junto al añadido del metraje y la ambientación, ese es sin duda el trabajo que realizan los actores: se meten en la piel del personaje, lo adoptan y lo hacen suyo, de tal manera que puedes ver la actuación de Dan Stevens a través del CGI que se utilizó para crear a Bestia, y la de Emma Thompson, y la de Ewan McGregor, y la de IanMcKellen. Sus expresiones, sus gestos, no se pierden a pesar de los efectos especiales. Cada actor borda su papel, en un trabajo cuidado y con eterno mimo.


Emma Watson es Bella. Tal cual: la actriz borda el papel con una naturalidad escalofriante, desde el principio hasta el final. Es Bella, esta nueva Bella que añade más cosas a la Bella que ya conocíamos. Sí, es cierto, esa Bella ya era todo un golpe en la mesa que sacudió el canon de las princesas lánguidas que esperaban a su príncipe, pero esta acentúa aún más esa vena rebelde. Estamos ante una Bella que aprovecha al máximo su carácter feminista, su lado irónico e inteligente, y su brillantez, una Bella que enriquece aún más a su predecesora y la hace incluso más natural, más real, más de carne y hueso, algo evidenciado, por ejemplo, por el ruidito de frustración que deja escapar durante el reprise de "Bella".
Bestia...qué diferente es esta Bestia. No porque su personaje cambie de forma sustancial, sino porque cambia con más sustancia. Con más base. Entendemos mucho mejor a Bestia en esta nueva película, por qué es ese príncipe egoísta, déspota y consentido, y el nuevo largometraje ahonda más en el personaje (un personaje menos brusco que en el original, dicho sea de paso) y le da una dimensión más amplia. Personalmente, le tengo un cariño especial a esta nueva Bestia, que se gana el corazón del espectador de forma definitiva cuando canta "Evermore", en la escena más bonita de la película. Su relación con Bella también es muchísimo más explorada en este nuevo filme, algo con lo que sale ganando: se conocen el uno al otro, descubren qué tienen en común, en qué se diferencian, bromean. Su conexión es más palpable, y eso le hace un gran bien a la película.

Los secundarios, como ocurría en la versión animada, son oro puro. Lumière, la señora Potts, Ding-Dong, Chip, todos ellos conservan su esencia y se desarrollan; se les da más protagonismo a personajes que pasaban desapercibidos en el clásico. El gran ejemplo es Maurice, quien es menos excéntrico pero igual de fácil de querer, y gana un protagonismo que le sienta de maravilla, a él y a la historia.
No olvidemos a LeFou, la gran revelación de la cinta: en la original, LeFou es cargante. En esta, es un gran personaje, con más matices incluso que el propio Gastón, y un giro que le favorece, sin abandonar un cierto toque cómico que caracteriza al personaje. Josh Gad está espléndido en el papel, parece hecho por y para él.
Gastón gana como villano. Al menos, desde mi punto de vista. A medida que avanza la película, va ganando matices, va cambiando y volviéndose cada vez más agresivo, llegando a tales extremos que llega a ser parcialmente escalofriante. Un buen villano, como lo es su antecesor.

Ejemplo del movimiento de cámara
Si hay una pega que ponerle a la película, porque, como todas, las tiene, es el movimiento de la cámara en momentos muy puntuales. Bill Condon se ha empeñado en realizar barridos de 360 grados con demasiada rapidez y con demasiada frecuencia, algo que no solo desenfoca el plano y quita percepción al espectador, sino que también resulta mareante. En el aspecto técnico, también es donde podemos ser un poco más críticos: el CGI no resulta del todo real, sigue teniendo un toque algo artificial, pero sí es cierto que es muy complicado y está, para lo complicado de la tarea, muy logrado. Y como pega de narrativa...seguimos sin saber cómo se llama el pobre príncipe. Posiblemente, nos quedaremos con la duda (sobre todo después de que Disney confirmara, después de una buena cantidad de años, que su nombre no es Adam).


Conclusiones finales y mi nota particular:

Os seré sincera: no vayáis al cine con ánimos de encontraros una nueva versión del cuento que nada tenga que ver con la versión de la historia que creó Disney. Si deseáis eso, poneos a ver la versión francesa de 2015. No, esta cinta es un homenaje a la versión de Disney, y toda su línea de metraje sigue a pies juntillas el guion del clásico original.
"La Bella y la Bestia" es, por tanto, un remake innecesario (pues la original envejece de maravilla), pero más que solo agradecido. Una vez más, aprendemos que la belleza se encuentra en el interior. Los minutos de metraje añadido sientan muy bien al argumento, a los personajes y a sus historias personales antes de los eventos de la película, y proporcionan un aire fresco y propio a la reinterpretación disneyniana de la historia que todos conocemos. Nos aporta trasfondo, nos responde a una serie de cuestiones (por ejemplo, la fallecida madre de Bella) y enriquece la relación entre Bella y Bestia, la hace más humana y más creíble. Ante todo, esta nueva versión es un tributo a su material original, un tributo realizado con mimo y cariño por la industria para los espectadores, aquellos que crecimos con la película animada y aquellos que la tenemos en un lugar especial en nuestro corazón.
La ambientación es preciosa, el vestuario, magnífico, y el reparto está más que solamente espléndido: cuesta encontrar a alguien que haga una actuación mediocre en esta película, o simplemente "solo buena". Las canciones, las de siempre, nos devuelven a la infancia; las añadidas, nos enternecen el corazón. Ir a ver esta película al cine es encandilarse con la pantalla, con una sonrisa en los labios y dejándose llevar por la sucesión de planos sin el más mínimo esfuerzo y con la gran satisfacción. Si no fuera por el pequeño incoveniente de unos barridos de 360 grados demasiado rápidos, yo la calificaría de obra maestra.
Por ello, sí, os la recomiendo, os la recomiendo encarecidamente: id a verla, porque realmente merece la pena.

Mi nota para "La Bella y la Bestia" es de:
9'5/10

¡Nos leemos, bloggeros!

sábado, 11 de marzo de 2017

Reseña "Legado en los huesos" (Trilogía del Baztán 2)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Aprovecho para publicar antes de que empiecen los que yo llamo "los dos meses terroríficos del cuatrimestre", en los que los exámenes se aproximan, los profesores deciden meter el turbo porque se ven agobiados para terminar el temario y deciden de repente que empezar a mandar trabajos sorpresa a traición y a mansalva es una idea genial para animar al alumnado.
La última entrada que publiqué era una reseña del libro "El guardián invisible", el primero de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo, una trilogía con la que he estado bastante enganchada estas últimas dos semanas. Así que hoy os traigo la reseña de su secuela, "Legado en los huesos"; aunque no contiene spoilers del libro, sí contiene spoilers del primero, os lo aviso por si acaso.



Sinopsis
Ha pasado un año desde la resolución de los crímenes cometidos por el asesino que se conoció como "el basajaun" y que sembraron el miedo y la incertidumbre en el valle del Baztán. A punto de dar a luz a su primer hijo, Amaia Salazar, la inspectora que llevó y cerró el caso, se prepara para asistir al juicio contra Jasón Medina, padrastro y asesino de Johana Márquez, crimen con el que la inspectora se cruzó en la investigación del basajaun y en el que reunió las pruebas incriminatorias que delataban la autoría del acusado. Antes de que el juicio tenga la oportunidad de comenzar, sin embargo, el juez suspende la sesión: el asesino acaba de suicidarse en los baños del juzgado, y ha dejado escrita una inquietante nota dirigida a la inspectora Salazar. Esta nota contiene una única palabra, tan extraña como desconcertante: Tarttalo.
Pocos meses después, tras su baja de maternidad, Amaia es requerida para investigar unas siniestras profanaciones en la Iglesia de Arizkun...y que podrían estar relacionadas con el odio ancestral hacia una cultura diferente.
Ambos casos, en su aparente desconexión, llevarán a la inspectora a una verdad oculta en sus propios huesos, una verdad que deberá investigar a fondo para comprender qué ocurre exactamente en el valle del Baztán.

Mi opinión
Me leí "El guardián invisible" en poco menos de dos días, lo cual os da una idea de lo mucho que devoré la novela. Me gustó, y mucho, eso es evidente, pero cuando cogí "Legado en los huesos" me vi inmersa, repentinamente, en un frenesí literario. No podía dejar de leer, de forma bastante literal: la novela deja por los suelos el famoso refrán "Segundas partes nunca fueron buenas".
Porque "Legado en los huesos" no es solo igual de buena que "El guardián invisible". Es mejor que "El guardián invisible", o, al menos, a mí me ha gustado más.

El río Baztán
Esta novela, igual que su predecesora, te atrapa en la lectura, te sumerge en la historia y te lleva de la mano junto con Amaia en cada uno de los pasos que ella recorre para seguir las líneas de investigación. Dolores Redondo aprovecha los toques fuertes de su novela predecesora y los mejora para crear una historia innovadora y embriagadora que bebe directamente de su estilo personal: la autora recupera el hilo mitológico del que se sirvió en el primer libro para ilustrar la magia que envuelve al valle y que guía a nuestra protagonista, y lo hace de una forma peculiar, sutil pero palpable. También regresamos a las descripciones exhaustivas del valle, esas que consiguen transportarte al río Baztán solo con palabras, a la magia que se respira en el lugar. Estas declaraciones exhaustivas son tal vez el único momento en el que el libro puede resultar a ser un poco pesado, pero eso ya pasaba con su antecesor, y, como ocurría con este, Redondo se las apaña para, justo después de esa descripción que ya empieza a resultar pesada, volver a captar la atención de su lector con un acontecimiento o un avance en la investigación.

Posiblemente, el punto fuerte (en el plano formal) de "Legado en los huesos" se encuentra en tres factores que se solapan para hacer de ella una gran novela: su capacidad para sorprender al lector, su proeza a la hora de seguir la línea narrativa de la primera novela, mantenerla y mejorarla para impresionar al receptor una vez más y, por último, esa misma línea narrativa. La historia que narra nos presenta una originalidad peculiar, con un asesino poco corriente...y hasta ahí puedo leer.
La gracia de "Legado en los huesos" es que se las apaña para presentar dos investigaciones simultáneas, ambas sin relación aparente más que en ambas se pide explícitamente la presencia de Amaia, llevarlas cada una por su cauce hasta el momento justo y después entrecruzarlas para crear una historia coherente y sorprendente que deja al lector con la boca abierta.
En mi caso particular, yo debo admitir que estaba mucho más intrigada por el caso del Tarttalo que por el caso de las profanaciones...hasta un cierto suceso, que le da la vuelta por completo a este último para provocarnos una curiosidad morbosa e insaciable, haciendo que el interés por ambos caso se acreciente.
La Iglesia de Arizkun, escenario importante en la trama
El ritmo de la novela no decae en ningún momento, es más ligero de lo que era en su predecesor (y, por desgracia, mucho más ligero e interesante de lo que será en su sucesor, "Ofrenda a la tormenta"). Otro de sus puntos fuertes en cuanto a historia y línea narrativa, es la inclusión de pequeños fragmentos del pasado para observar a Rosario y Juan, los padres de Amaia antes de que ella naciera. Como en el primer libro, esto nos sirve para suscitar nuestra curiosidad...y para resolver algunos asuntos que no entendíamos del todo en el primer volumen con respecto a la inspectora y su pasado. Gracias a ellos entendemos, y, lo que es más importante, nos enganchamos aún más en la historia. Punto a favor por incluir algo del pasado de Engrasi, quien es un personaje que está bastante desaprovechado para todo lo interesante que resulta a ojos del lector. De nuevo, la novela combina maravillosamente la historia personal de Amaia con la historia de la investigación; lo que para unos es una desventaja (muchos critican que la novela se centre tanto en los problemas personales de Amaia como en la investigación), para mí es un gran rasgo distintivo de la trilogía. La historia no se trata únicamente de los sucesos raros (que los hay, y muchos) en el Valle del Baztán, sino también en Amaia, en una mujer con sus luces y sus sombras que trata de esclarecer las del valle para hacerlo con las suyas.
Como en "El guardián invisible", el final llega de forma repentina, casi apresurada. Sin embargo, al contrario de lo que pasaba con "El guardián", aquí no resulta tan brusco, ni tan apresurado, no sé muy bien si porque el lector se ha acostumbrado a este rasgo (que parece ser propio de la narrativa de la autora) o porque el ritmo en este segundo volumen mejora en sobremanera. Desde luego, es un final que sorprende por completo al lector: no había forma de verlo venir (al menos, no por completo).

Hablamos ahora de los personajes: este nuevo volumen nos sirve para adentrarnos aún más en conocer a los personajes, para entender por qué actúan como actúan, para encariñarnos aún más con ellos. Por supuesto, el personaje del que más aprendemos es, una vez más, Amaia. De ella vemos en esta entrega una nueva faceta de debilidad: si en la primera es la que nace del miedo por un pasado terrorífico, en esta es aquel que nace de no ser capaz de hacer las cosas bien con su bebé. Amaia pasa por momentos duros, y en ocasiones puede ser irritante, pero siempre con un matiz justificable: acaba de tener un bebé y está muy asustada por no ser capaz de ser una buena madre. Necesita ser buena madre, porque la suya no lo fue. Es un miedo muy humano, y muestra muy bien la faceta que queda oculta de la perfecta maternidad que nos muestran los libros pre-mamá. No todo es tan rosa, tan bonito y tan brillante. Ese miedo post-parto está muy bien plasmado.
Hay que hacer una mención importante a James, su marido. Si bien es un personaje bastante plano, es verdad que le queda un milímetro para ser considerado un santo (y ya no digamos en el tercer libro...).
El círculo familiar de Amaia vuelve a formar una parte importante de la trama. Si bien la que experimenta un cambio aparentemente mayor es Ros, quien empieza a coger por fin las riendas de su vida, Flora también marca una diferencia. Hay un pequeño tema con Flora que tiene en vilo al lector, una relación con un personaje del libro anterior; aunque no se resuelve en este volumen, sí es el responsable de plantar el germen de la curiosidad en el lector. La tía Engrasi, como ya nos tiene acostumbrados, es el punto de tranquilidad al que acude Amaia cuando se siente perdida...y poco a poco el lector acaba por verla de la misma manera. La tía Engrasi aporta el toque de calma y, a la vez, el toque de misticismo que es tan propio de la novela, sin el cual no sería la misma. 
En esta novela también conocemos mejor a uno de los grandes misterios de la trilogía y uno de los que más enganchan al lector: Rosario, la madre de Amaia. Conocemos su pasado, empezamos a entender por qué acabó siendo lo que es, profundizamos en el personaje. Si "El guardián  invisible" ya nos dejaba claro que Rosario era mala, "Legado en los huesos" nos confirma que no es solo mala. No, no qué va. Es malvada. Pérfida. Cruel. Todo ello y a la vez, con ese matiz del que tanto se habla en el libro terroríficamente acentuado. Es complicado encontrarse con un personaje que ponga los pelos de punta tanto como lo hace Rosario. Y eso la hace tan buen personaje, una antagonista tan trabajada y tan buena.
Por supuesto, el ámbito laboral de Amaia está también muy presente en la novela: son la otra gran mitad de personajes, los que conforman la historia del Baztán. A los miembros de la policía foral también los conocemos un poquito mejor en esta entrega, y consiguen colarse en el lector un poquito más de lo que lo hicieron en el primer volumen. En ese sentido, el tratamiento de los secundarios, si bien aún en segundo plano, mejora en este segundo volumen.
Tenemos, por supuesto, a Jonan Etxaide, mi personaje favorito de la trilogía por antonomasia. Dulce, trabajador y leal, un amigo de corazón, siempre en la línea de fuego y poniendo la mano en el fuego por aquellos en los que confía. Jonan es, sin lugar a dudas, el personaje de la trilogía al que es imposible no querer.
En este ámbito de la comisaría recuperamos a otros tres compañeros de Amaia que juegan papeles importantes en la novela: Iriarte, Zabalza y Montes. Si bien Iriarte consigue ganar puntos ante Amaia y ante el lector por su disposición y compañerismo, Zabalza hace lo contrario. Los pierde estrepitosamente por su incapacidad de aceptar que le dé órdenes una mujer, y, sin embargo, consigue provocar una cierta compasión en el lector cuando averiguamos que, en realidad, ese rechazo hacia Amaia es una manera de rechazarse a sí mismo, porque es incapaz de aceptarse como es. Y, en ese sentido, inspira una cierta lástima que casi acaba con su irritante poca disposición. Casi, pero no. No aquí.
Y llegamos, pues, al inspector Montes. El inspector Montes, quien, suspendido por los sucesos de la novela anterior, parece seguir (en la primera mitad del libro) con sus estupideces y tonterías, llegando a presentarse una vez más como un cretino insufrible...hasta que toca ese punto de quiebre, ese roce con Amaia que consigue que la respete y la vea como su superior, sin rencor ni prejuicios. Y entonces, el inspector Montes sorprende al lector: acaba calando en nosotros, convirtiéndose en un personaje directo y divertido. Leal, incluso, dispuesto a todo por cubrirle las espaldas a su jefa y amiga, aquella a la que un día apodó "la poli estrella de los cojones". Una gran evolución de Montes, que consiguió, por fin, hacerse con mi aprobación como personaje. Montes acabó por gustarme, y mira que tenía mi percepción de él en el subsuelo.
Como personajes nuevos que merece la pena destacar, encontramos al juez Javier Markina. Un joven y atractivo juez, con una descarada y patente chulería que desde el primer momento apesta a chamusquina, aunque no logramos averiguar por qué. Como lectora, y en mi opinión particular, no os podéis imaginar lo pesado que se me hace este personaje. Para mí, es el típico niño guapo acostumbrado a obtener lo que quiere con su carisma personal, y me resulta...inaguantable. De acuerdo con su descirpición y su papel en la historia, está pensado para ser un seductor, para tentar, pero creo que en esta parte de la historia solo consigue dar grima. De verdad, yo, en particular, no puedo tragarle.
No os hablaré del villano principal...porque sería arrebataros una de las grandes sorpresas del libro. Y de verdad, es algo que merece la pena ver por uno mismo. Solo os diré que es un villano poco habitual...peculiar. Diferente. Y es un gran punto a favor de la historia.

Conclusiones finales y mi nota particular


"El guardián invisible" dejó el listón bastante alto: una historia atractiva e interesante, que engancha a más no poder y de cuyas páginas no eres capaz de despegarte, con una protagonista femenina llena de matices fuerte, independiente y, a la vez, tan frágil como solo puede estarlo una mujer a la que hizo mucho daño la persona que debía protegerla. Era difícil superar esto, pero "Legado en los huesos" lo consigue sin apenas esfuerzo. De nuevo, la historia es adictiva, la combinación de ambas líneas de investigación que acaban por unirse en una única línea tras un hecho desconcertante arrastran al lector con la fuerza de las aguas del río Baztán.
Dolores Redondo tiene muy claro lo que quiere conseguir, y tiene muy claro de qué manera quiere hacerlo. Cada palabra está impregnada de su estilo personal, y, de nuevo, la magia de su pluma vuelve a sumergirnos en una historia cautivadora. La mezcla de mitología, magia y realidad que tan novedosa resultaba en el primer volumen regresa con fuerza en este segundo, envolviendo al lector y empujándole poco a poco a continuar la investigación, creando un nuevo panorama de mito y realidad que tanto cautiva; y la ambientación vuelve a ser uno de los puntos fuertes de la trilogía. De nuevo, nos trasladamos a Elizondo sin movernos de nuestro sitio, corremos por el bosque o pisamos la Iglesia de Arizkun para investigar estas extrañas profanaciones.
La novela no pierde ni por un segundo esa capacidad suya de sorprender al lector, de dejarle anonadado y con ganas de saber más en cada capítulo. Los personajes se hacen querer, con ese matiz tan humano de profesionalidad combinada con debilidades y problemas personales. El ritmo narrativo es ágil, rápido y bien llevado, mejor incluso que en su predecesor. Y la historia...inmejorable. Gran manera de unir ambas líneas de investigación, gran manera de hilar absolutamente todo, de dejar al lector boquiabierto y con ganas de más, de seguir leyendo más y de coger al instante el tercer volumen, "Ofrenda a la tormenta". Y, por supuesto, gran manera de mostrar las luces y sombras de combinar ambas facetas de nuestra vida: profesional y personal, además de mostrar a una protagonista femenina luchadora y especialmente humana, con sus buenos y malos momentos...y esa capacidad de sorprendernos.

Mi nota para "Legado en los huesos" es:
9/10

La próxima entrada será el turno de "Ofrenda a la tormenta", que también me he leído...y bueno, ya os comentaré en esa próxima reseña.
Nos leemos pues, bloggeros <3

lunes, 27 de febrero de 2017

Reseña: "El guardián invisible" (Trilogía del Baztán 1)

¡Buenas a todos, bloggeros!

Para despedirnos de un febrero que ha pasado demasiado rápido os traigo una nueva reseña literaria, esta vez del primer libro de una trilogía que ha sacudido el mundo literario y se ha ganado la admiración de una gran cantidad de lectores a lo largo de todo el mundo. Os hablo de "El guardián invisible" de la autora Dolores Redondo,  la primera entrega de la aclamada trilogía del Baztán. Tranquilos, cada vez me cuesta menos contenerme y os confirmo que no hay spoilers en la reseña.


Sinopsis
En plena madrugada, la inspectora de homicidios Amaia Salazar recibe una inquietante llamada: sus compañeros de la Policía Foral han encontrado el cadáver de una niña de doce años en la linde del río Baztán, en Navarra. Al llegar allí, Amaia se encuentra con que el cuerpo ha sido dispuesto de una manera ritual, con un cuidado modus operandi y una escenificación de lo más variopinta e inquietante. Una vez en  comisaría y al realizar las primeras comprobaciones del caso, la inspectora y sus compañeros se dan cuenta de que las circunstancias del asesinato de la joven Ainhoa Elizasu coinciden de forma sospechosa con el de Carla Huarte, otro asesinato ocurrido un mes atrás: ambas víctimas se encontraban en la adolescencia, ambas fueron asesinadas de la misma manera, sus cuerpos fueron dispuestos de la misma inquietante forma...y ambas provienen de los alrededores de Elizondo, un pueblo de Navarra del que también es originaria la propia inspectora Salazar.
Con el objetivo de encontrar y detener a ese monstruo que está matando niñas antes de que sea tarde, Amaia se verá obligada a regresar al pueblo en el que nació y pasó su infancia, una infancia cruda y dolorosa. En su carrera a contrarreloj, la inspectora deberá enfrentarse no solo al monstruo que se esconde en los márgenes del río Baztán, sino también a sus propios monstruos que se esconden en su pasado como un demonio interno y oscuro, esperando al instante propicio para devorarla y ahogarla en el miedo.

Mi opinión
Como una gran parte de los libros que acabo leyendo, esta trilogía me fue recomendada por mi madre, alguien de quien he heredado la pasión por los libros y la avidez lectora. Llevaba meses insitiéndome para que leyera la trilogía, lanzándome indirectas muy directas desde "el libro este que me estoy leyendo me tiene en vilo, súper intrigada" hasta "te los tienes que leer". Así que hace una semana, en la calma que precede a la tempestad que son los dos últimos meses de un cuatrimestre en la universidad, me decidí por fin a leerlos.
Ya os adelanto que no me ha dejado en absoluto indiferente.

"Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal."

Así comienza "El guardián invisible" y solo por esas brevísimas líneas ya podéis imaginar que la historia que contiene este libro va, como mínimo, a impresionar a su lector. No, en absoluto, "El guardián invisible" no deja indiferente a absolutamente nadie. Como tengo por costumbre, vayamos por partes, bloggeros:

Elizondo, el pueblo en el que se desarrolla la acción de la trama

Dolores Redondo tiene una manera de narrar muy personal, ágil y dinámica, con un talento especial para no solo describir con maestría los escenarios en los que se desarrolla la acción, sino para sumergir al lector en ellos. Mientras lees, casi puedes oír el crujido de las hojas del bosque bajo tus pies, el viento en tus mejillas y la humedad del río en el extremo de los dedos. La autora es muy gráfica en ese sentido (algo que debo admitir que admiro: yo no soy capaz de describir un escenario de manera tan buena sin aburrirme a mí misma o pensar que estoy haciendo el idiota), y esa es una de las características más peculiares de la novela, una marca de estilo inconfundible. Redondo ha escogido el Valle de Baztán como escenario, o eso es lo que piensa el lector cuando comienza a leer la novela. A medida que avanza, sin embargo, se da cuenta de que esto no es así: ni el valle es solo un escenario, ni ha sido una elección por parte de la autora. No, esta historia no se podría haber contado en ningún otro sitio, porque el valle, más que un escenario, es un personaje más de la historia, transformando a la naturaleza en uno de los temas principales del libro. El escenario tiene vida propia y emana magia y belleza en cada rincón, incluso en aquellos en los que se esconde el peligro. Esta historia, la historia de Amaia y las víctimas del "basajaun" no podrían haber existido en otro contexto, por otra particularidad del libro, una particularidad no solo muy bien recibida y manejada sino también innovadora: la mitología vasco-navarra es un elemento que está muy presente en el libro.
Guía su línea argumental y es, precisamente, uno de los componentes que más llaman la atención de la novela. Técnicamente, la novela es un thriller, una novela negra con tintes escabrosos: nuestra protagonista es una mujer muy racional, muy guiada por la ciencia (al fin y al cabo, es policía). Nadie se espera que, al ir leyendo la novela, esta comience a combinar con maestría la fría razón y lógica con la mitología y la fantasía. Sin embargo, Redondo lo hace, y lo hace maravillosamente, tanto que la presencia de personajes mitológicos en los bosques y el río Baztán resultan tan verosímiles como la oscuridad que se apodera del valle al caer la noche. Un punto a favor de la novela y que la distingue de otras novelas policíacas es ese uso y explicación de la curiosa e interesante mitología vasco-navarra y cómo encaja de manera tan fácil con la realidad. Para mí, fue una gran sorpresa y muy bien acogida.

El hilo argumental de la novela está muy trabajado y muy conseguido. Para mí, es difícil que un autor maneje con maestría la intriga de la novela policíaca, esa que te mantiene pegado a las páginas del libro mientras no paras de dar vueltas a las pistas que te van proporcionando y pensando "¿Quién es? ¿Quién es el asesino?" Yo, al menos, no lo vi venir en ningún momento: tenía mis sospechas, pero estas dieron un vuelco en el último momento y me llevaron a un culpable al que jamás me hubiese marcado como tal. Dolores Redondo, sin embargo, lo consigue: nos mantiene pegados a las páginas del libro con una facilidad abrumadora.
La novela te mete en su historia, y yo admito que incluso me fui a dormir algo sugestionada la primera noche: era imposible no leer las descripciones de los cadáveres de las niñas, especialmente su mirada, y no sentir un escalofrío recorrer tu espalda. En ese sentido, si sois fácilmente impresionables u os hacéis una imagen mental muy vívida mientras leéis, os aconsejo que no os leáis esa parte por la noche...aunque no sea nada fácil parar de leer.
Poco a poco, la novela nos proporciona pistas poco a poco, y crea en el lector una adicción, la necesidad de seguir leyendo aunque sean las tres y media de la mañana porque necesitas respuestas, porque necesitas saber, ya no solo acerca del caso, de la investigación, sino también de la propia vida personal de Amaia. El argumento compagina muy bien los misterios de la investigación con la vida de Amaia, especialmente su pasado, un pasado desgarrador y terrible, que consigue romper el corazón del lector (como si las pobres niñas asesinadas no fueran ya suficiente). Va intercalando ambas historias, ayudándonos a establecer poco a poco el sentido y a crear el complicado puzzle que resulta ser el regreso de Amaia a Elizondo.
No dejéis que el argumento os engañe: "El guardián invisible" no es solo la historia de la caza de un asesino en serie. Es también la historia de la caza de los demonios de una mujer traumatizada y marcada de por vida por sus recuerdos. Y eso no la hace peor novela en absoluto, sino todo lo contrario: la convierte en única en su especie. El escenario, la mezcla entre mitología y realidad y la historia, ambas historias (la investigación y la de los miedos de Amaia), son el alma de la novela.
Tal vez la pega que pondría a la historia es su ritmo: en esta primera novela, y como opinión personal, yo tuve la sensación de que llegó un momento en el que la investigación se atascó, quedó atascada durante un tramo del libro, y, posteriormente, se resolvió (casi) todo en las últimas páginas. Es, posiblemente, la única pega que yo le pondría a la novela.

En cuanto a los personajes...en esta primera novela, reconozco que gran parte de ellos me dejaron algo fría. La protagonista, Amaia, es una mujer...peculiar. Compagina de manera muy humana la fragilidad y la fortaleza, el miedo y la valentía: es una mujer marcada. Al principio, no es fácil conectar con Amaia. No es fácil ni para el resto de personajes ni para el lector, y ahí radica la buena construcción de su personaje: Amaia se esconde de sus miedos bajo su coraza, y, hasta el momento en el que el lector no averigua qué le ocurrió, no conecta con ella. Es, en ese sentido, una buena protagonista.
Al lado de Amaia tenemos a su fiel compañero, el subinspector Etxaide, quien se gana rápidamente y con méritos propios el cariño del lector. El resto de compañeros de Amaia en la policía, la verdad, no tienen un peso importante en esta novela, a excepción del inspector Montes, que en esta primera parte es poco más que un irritante y bastante aborregado dolor de muelas.
La familia de Amaia, por otra parte, sí tiene un peso desmesurado en la historia, y tienen unas personalidades de lo más curiosas, pero muy bien definidas. La adorable y pitonisa tía Engrasi (una mujer que, solo por su habilidad a la hora de utilizar el tarot ya tiene toda mi atención), el complaciente y casi demasiado bueno marido de Amaia, James, quien es un sol de hombre, y las dos hermanas de Amaia, dos polos opuestos: la dulce y abnegada Ros, que solo ahora empieza a darse cuenta de que debe dejar de complacer a todo el mundo y preocuparse más de sí misma, y la inaguantable e insoportable Flora. De verdad, si hay un personaje al que no soporto de este libro, esa es Flora...sin contar a Rosario, la complicada madre de Amaia, a la que conocemos en flash-backs sobre el pasado...y de la que es mejor no decir nada. Si decidís leer el libro, ya entenderéis a qué me refiero.

Es fácil identificar los temas que subyacen en la primera entrega de la trilogía del Baztán: la muerte, la impredecible naturaleza, la fragilidad y la fortaleza como dos caras de la misma moneda, exactamente igual que mitología y realidad, y un paisaje de ensueño que esconde tantas historias en cada piedra y cada calle...Todos ellos entrecruzados con maestría para crear una historia intrigante, conmovedora y apasionante, que mantiene al lector pegado a cada página del libro, convenciéndose a sí mismo de que este será el último capítulo antes de irse a dormir.

Conclusiones finales y mi nota particular
Si hay que elegir una única palabra para describir "El guardián invisible", esa palabra es "adictivo". La novela posee los tintes de lo macabro y lo fantástico necesarios para mantener a su lector pegado a sus páginas, devorando cada palabra para intentar encontrar las respuestas a su intriga, esa que hace acto de presencia desde el primer párrafo.
La novela es innovadora: combina de forma maestra e increíblemente verosímil la fantasía de la mitología vasco-navarra con la dura realidad que supone una novela policíaca centrada en la caza de un asesino en serie. La pluma de Redondo, gracias a unas descripciones logradas y envolventes, consigue transportarnos al valle, que sintamos el viento en el rostro y el olor de las frondosas hojas verdes, mecidas gracias a la corriente del río Baztán. En cierto momento, eso puede llegar a saturar al lector, pero es en ese justo momento cuando la investigación avanza, algo sucede y el lector recupera al instante el hilo de la narración, un hilo apasionante y atrapante, que va utilizando la bifurcación de la historia para ir construyendo un complejo castillo de naipes que únicamente se desavelará en el último momento. Por suerte, el libro no cae en ningún momento en el principal problema que puede tener un thriller: ser predecible. Aunque nos proporciona pistas aquí y allá, ligeras indicaciones que nos dirigen hacia la dirección correcta, en ningún momento somos capaces de vislumbrar la verdad completa hasta que no la tenemos encima.
Los puntos fuertes de la novela son, sin lugar a dudas, su escenario (el bello Elizondo y su mitología), que es más un personaje que un escenario, la capacidad de la historia para aunar la investigación de Amaia y su propio pasado, aderezándola con varias subtramas que, aparentemente no significan nada y acaban dando su esencia al libro, y el conjunto de dicotomías que nos muestra (fragilidad y fuerza, mitología y ciencia, verdad y fantasía). También destaca en el amplio abanico de sensaciones que provoca en el lector: a medida que avanzamos, sentimos congoja por las niñas asesinadas y por el dolor de sus familias, nos ponemos en tensión cuando llegamos a un descubrimiento importante, nos comemos las uñas por saber. Redondo nos arrastra al valle, nos sumerge en su historia y nos guía de la mano a través de un cuento de terror e intriga innovador y complejo, un soplo de aire fresco en la literatura actual.
El único problema, la única pega que yo pondría al libro, es su ritmo: si bien es cierto que no llega a decaer, sí se ralentiza a medida que el final se acerca, hasta que llega a sus últimas páginas, donde, con una rapidez de vértigo, se resuelve de repente el caso, en un final tal vez demasiado apresurado.
Sin embargo, eso no la hace menos recomendable: os aconsejo que, si no la habéis leído, os apresuréis a conseguirla y le deis una oportunidad, porque no creo que os arrepintáis.

Mi nota para "El guardián invisible" es:
8'5/10
¿Solo un 8,5? ¿Después de lo bien que la he puesto?
Parece...raro, ¿verdad?
En realidad, tiene una explicación fácil: "El guardián invisible" es una muy buena novela, pero ha tenido la mala suerte (o la buena) de que he hecho la reseña habiéndome terminado su segunda parte, "Legado en los huesos", que sigue su estela...y la mejora considerablemente ;) . Espero poder hacer reseña de ella dentro de poco.

¡Nos leemos, bloggeros!