jueves, 26 de octubre de 2017

Mini comunicado

¡Hola de nuevo, bloggeros!


¡Estoy viiiiiva!  (O, al menos, aparentemente (?) )
Bueno, esta entrada es para algo que estáis muy acostumbrados a verme hacer: pediros disculpas por ser una malqueda y no cumplir mi objetivo propuesto de una entrada cada mes. Lo siento, lo siento, lo siento >.< , sé que debéis estar hartos de mis disculpas, especialmente los que me leéis desde hace tiempo y que ya sabéis que soy un auténtico desastre.
Han sido unos meses un tanto complicados, me han pasado bastantes cosas y he dejado esto algo abandonado, pero tranquilos, no tengo ninguna intención de abandonarlo de verdad. El día que quiera irme, si acaso llega alguna vez, haría una entrada despidiéndome, pero dudo que eso vaya a ocurrir. No, no con lo que realmente me gusta escribir.
Y de escribir precisamente va la cosa, bloggeros.
Si habéis leído alguna vez mi perfil habréis visto que para mí escribir es mi pasión y, en cierto modo, mi forma de vivir. Yo vivo las cosas a través de las palabras, de la tinta del bolígrafo, el grafito del lapicero o las teclas de un ordenador. Cuando no soy capaz de superar una situación, escribo para entenderla. Cuando sé cómo hacerlo, también. Cuando necesito desfogarme o canalizar mis problemas, mis sentimientos, escribo. Y es tan fácil como respirar, y, para mí, tan necesario como eso. Soy despistada, pero es porque suelo estar en mi propio mundo imaginario, ese que creo a base de soñar despierta y no tan despierta, o porque siempre estoy dándole vueltas a cómo crear nuevas historias.

¿Y a qué viene toda esta retahíla? Pues bien, esta retahíla y verborrea total vienen a que, después de un año, en septiembre me decidí a registrar mi primera novela.
Esta novela...es algo muy especial para mí. Muchísimo. Empecé a escribirla con una imagen en la cabeza muy concreta, a los 14 años, y terminé justo un mes después de cumplir los 19; os podéis imaginar el trabajo y el esfuerzo que he invertido en ella, ambos muy, muy, muy gratos.
Ha sido todo un orgullo, una satisfacción increíble, el crearla y trabajar en ella, un respiro entre una tormenta de arena que a veces no cesaba. No voy a ponerme excesivamente tierna, o, al menos, voy a intentar no hacerlo, jajajajaja.
La novela está actualmente en trámite de registro (lo que me dijeron que duraría unos cinco meses xD), y cuando ya tenga todo bien atado, posiblemente intente publicarla, y tal vez comparta cosas de ella por aquí. Y este era el principal motivo de este comunicado: quería compartir esto con vosotros.

También quería avisaros de que voy a intentar hacer reseñas nuevas, y a ver si poniéndolo por aquí me comprometo a cumplirlo: tengo en mente la de la segunda temporada de Blue Exorcist (que por fin he visto), la serie Gran Hotel (que me he vuelto a ver del tirón este último mes mientras hacía ejercicios de clase hasta las tantas) y tal vez el anime de Soul Eater (creo que mi hermana me pateará el culo si no lo hago). También quería intentar reseñar The Beast Within, de Serena Valentino, libro que me regalaron por mi cumpleaños y que es, la verdad, una historia muy curiosa de la Bestia de Disney; sin embargo, ese es parte de una colección de los que me acaban de regalar el resto, y creo que prefiero hacer una reseña grupal de los tres cuando los lea.
Intentaré seguir y cumplir la lista, pero no prometo nada (ya me conocéis, soy entre un espíritu libre y una despistada de cuidado).

¡Gracias por leer mis desvaríos una vez más, bloggeros!

Pd: Por motivos de clase, he tenido que hacerme otro blog en el que voy haciendo entradas cada semana. No es especialmente entretenido, porque son entradas sobre noticias, pero sí estoy más activa, así que si queréis echar un vistazo, os animo a que os paséis por Siempre en el ojo del huracán.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Reseña: Life is Strange

¡Hola de nuevo, bloggeros!
Empiezo a pensar que tengo un serio problema con ser productiva; esperaba hacer más cosas durante las vacaciones de verano, especialmente darle algo de vidilla a esto, pero al parecer mi pereza, más que un pecado capital, es un parásito que me roba la energía... De verdad, no sé por qué soy tan vaga o por qué me cuesta tanto empezar a hacer las cosas, ojalá lo supiera, porque es una incógnita que me encantaría resolver.
Llego un poco tarde para la entrada de julio, y os pido disculpas; me fui de vacaciones y no calculé bien para poder escribir y subir la entrada, y cuando me puse a escribir, mi ordenador decidió que era un momento estupendo para actualizar y se tiró hasta las 3 y media de la mañana.
Ya me dejo de excusas malas y empiezo al grano. Hoy vengo a hablaros de mi última obsesión y os traigo una reseña diferente a las que tengo acostumbradas en el blog; en vez de una película o un libro, hoy os traigo la reseña de un videojuego: "Life is Strange". Es la primera vez que lo hago, y no es exactamente "mi campo" a la hora de reseñar o resaltar aspectos esenciales (como lo pueden ser las películas o las novelas), pero intentaré hacerlo lo mejor posible.
Importante: los spoilers. Buf...digamos que no os voy a revelar sorpresas muy grandes de la trama (o al menos a intentarlo), pero si me leéis a lo mejor hay spoilers menores y algunas nociones que os pueden dar pistas sobre las grandes incógnitas del juego, especialmente cuando os hablo de los finales. Si queréis continuar pero no habéis llegado al final, saltaos esa parte.



Ficha técnica (aka. Info general):
Life is Strange es una aventura gráfica episódica lanzada a lo largo de 2015, desarrollada por Dontnod Entertaiment y distribuida por Square Enix. Está disponible para ordenador (Windows, Linux, Mac SO), para Playstation 3 y 4 y para Xbox 360 y One. Jugamos en primera persona como la protagonista de la historia, Max; el juego cuenta con cinco episodios y ganó un BAFTA a la Mejor Historia.

Sinopsis:
Después de cinco años en Seattle, Maxine "Max" Caulfield regresa a su ciudad natal, Arcadia Bay, para asistir a la prestigiosa escuela Blackwell, donde espera poder desarrollar su amor por la fotografía y orientarla hacia un futuro profesional. Durante una de sus clases, Max se queda dormida y sueña con un gigantesco tornado que destruye por completo la ciudad; al despertar, comprueba con alivio que solo ha sido un sueño y que todo parece ser aburridamente ordinario...hasta que, tras un peliagudo y funesto incidente en los baños de la academia, Max descubre que puede viajar atrás en el tiempo, "rebobinarlo".
Su poder la llevará a reencontrarse con Chloe Price, su mejor amiga de la infancia, y juntas se verán envueltas en un vórtice que las llevará a intentar resolver los misterios que se esconden entre las paredes de Blackwell, entre ellos, los extraños poderes de Max y la desaparición de Rachel Amber, estudiante en la academia y mejor amiga de Chloe.



El juego se caracteriza por ser un juego de decisiones; es decir, al jugador se le plantean continuamente una serie de decisiones en las que tiene que decantarse por una, y cada una de ellas afecta a la trama de forma distinta. El poder de Max actúa en este caso como un mecanismo para deshacer elecciones previas y decantarse por otras, o simplemente para conseguir más información y dar posteriormente una respuesta más acertada, lo cual da lugar a caminos divergentes en las relaciones con otros personajes o a pequeños puzzles que el jugador deberá resolver en el periplo.

Reseña general:
Me resulta...difícil hablaros de Life is Strange. He tenido sentimientos encontrados con el juego, muchos, pero tal vez no por las razones que os estáis imaginando.
Por una parte, me ha encantado. Jugué hace ya un mes, me lo pasé en una semana y, aún así, todavía sigo totalmente obsesionada con su historia, sus personajes y sus múltiples vías de desarrollo de la trama. De hecho, según me lo acabé, lo volví a empezar, lo volví a jugar y conseguí todos los logros que podía. Me enamoré de su historia, sus personajes, sus giros, su ambientación y su música, a pesar de los fallos que podía encontrar.
Para que os hagáis una idea, para mí, Life is Strange no ha sido un juego cualquiera. Ha sido uno de los juegos. Ha sido la historia. Una de esas historias que haces tuya, que se meten bajo tu piel y que se convierten en parte de ti. Sí, Life is Strange se ha metido bajo mi piel, y puede que mucha de la culpa la tenga la protagonista, Max, con la que me he sentido identificada a más no poder. Max era tan yo, tenía tantos rasgos de mí que casi hacía daño tomar algunas decisiones.
Y puede que precisamente por eso, por esa capacidad del juego para sumergirme en la historia y hacerme partícipe de ella, tengo estos sentimientos encontrados, esta sensación agridulce.
El quid de la cuestión es que, en Life is strange, vas construyendo la historia en varios sentidos. Sí, es evidente que hay determinados eventos que siempre ocurrirán, pero lo harán de manera distinta dependiendo de las elecciones del jugador. El juego permite elegir, hacer una cosa u otra, y todo tendrá consecuencias, más tarde o más temprano, incluso las cosas más nimias. Y eso permite al jugador hacer suya la experiencia, crear determinadas relaciones con los personajes.
Por ahí, juegazo.
Problema: el final. O, bueno, en este caso los finales.
Anotación importante: esta parte puede contener spoilers. Si no queréis leer el párrafo, avanzad hasta después de la siguiente fotografía.
Life is Strange no es Heavy Rain; no hay una combinación de finales dependiendo de elecciones. Hay dos finales. Y los dos son devastadores para un jugador que ha pasado cinco episodios creando relaciones con los personajes, llegando a quererlos y a preocuparse por sus problemas, haciéndolos suyos. Como jugadora, la primera vez que acabé el juego, tuve la sensación de que, escogiera lo que escogiera, todo lo que había hecho durante todo el juego no serviría para nada. No esperéis un final feliz o un "final bueno". No lo hay. Es cierto que, tal y como se nos va presentando la historia y la línea narrativa, estos dos finales son los más coherentes que el juego podía desarrollar. Coherentes, que no del todo satisfactorios. Mi novio quedó muy decepcionado con el final (con los dos); yo...no sé si decepcionada es la palabra (en parte porque los veía venir a ambos). Creo que yo lo calificaría de agridulce.
Admito que, tras haber jugado una segunda vez, he desarrollado unas ciertas teorías que me permiten ver la mejor parte del final que escogí. Veo una cierta intención de los creadores para, paradójicamente, dar más tiempo a Max, pero eso no me quita la sensación agridulce del pecho.
Y, sin embargo, esa es una de las moralejas que extraemos de Life is Strange: así es la vida. Es dura, dolorosa, te hará reír y te hará llorar; te planteará una serie de elecciones en las que puede que no haya una respuesta correcta, puede que las dos lo sean o hagas lo que hagas no podrás luchar contra una determinada adversidad. Life is Strange, en cuanto a elecciones y decisiones, es un reflejo de la vida misma, aderezado con el toque sobrenatural que le dan los viajes en el tiempo.



De nuevo, me repito. Me ha encantado Life is Strange, pero no es un juego fácil en el sentido emocional, como puede parecer en el primer episodio, Chrysalis. Literalmente, nada es lo que parece en Life is Strange. El juego se ríe a propósito de los pobres ingenuos que creímos que sería una aventura de instituto ligerita y sin temas fuertes, y eso precisamente lo convierte en una obra maestra que rompe el corazón de su jugador al llenarlo de emociones. Life is Strange juega con ellas, sabe sorprender y mantener el misterio a lo largo de los distintos episodios, hasta el punto que para el episodio 3 ya nos estamos mordiendo las uñas con todo lo que podemos resolver.
Nos hace empatizar con sus personajes, habla de temas tabús y hace grandes referencias al mundo friki y a teorías científicas como el efecto dominó, la teoría del caos y el efecto mariposa o la paradoja del gato de Schrödinger con habilidad suficiente como para que una cabeza dura como yo las entienda. Hay también muchas referencias a importantes fotógrafos y reporteros (Robert Capa, por ejemplo) y si algo nunca olvidaremos los fans de Life is Strange son los dichosos daguerrotipos.
Nadie olvidará los daguerrotipos.

Antes de hablaros un poco de jugabilidad, os hablo de la historia. Life is Strange tiene una historia muy curiosa, muy buena y muy bien construida. Utiliza el misterio y la implicación del jugador con mucho acierto, y resulta coherente en cuanto a las decisiones que tomamos. Uno de los mayores atractivos de Life is Strange es precisamente esa curiosidad que aflora en el jugador por saber qué ocurriría si escogiera una decisión diferente. No es precisamente original en el sentido de los viajes en el tiempo; es evidente que, en ese sentido, bebe mucho de "El Efecto Mariposa" o grandes clásicos del tipo "Regreso al Futuro", cuyo Delorean tiene una aparición estelar en el juego junto a la Tardis del Doctor Who, pero tal vez lo más original del juego sea su forma de utilizar esos viajes para incorporarlos a la trama y colocarlos en ella. Si pensáis que es únicamente un recurso para garantizar al jugador que podrá solucionar sus errores, vosotros estáis en un error. De hecho, habrá alguna ocasión en la que el poder no nos servirá de nada, especialmente en una de las escenas más peliagudas del juego. Como toda historia que tira de los viajes en el tiempo, sin embargo, llega un momento crucial en el que el jugador acaba volviéndose un poco loco (en este caso, el momento culminante de la historia, el episodio 5): entre tantos saltos y rebobinados, de tantas líneas temporales y agujeros de gusano, el jugador puede perderse con facilidad, hasta el punto de que pierde la noción del tiempo (no pun intented). Sí, en ese sentido, el episodio 5 puede llegar a considerarse un abuso por parte de los creadores, con unos saltos en el tiempo demasiado rebuscados y demasiadas líneas temporales como para seguirlas y/o contarlas, y ese es posiblemente el fallo en el episodio final.


Mecánica del juego: una imagen vale más que mil palabras
Algo a destacar es que la mecánica del juego es sencilla. No requiere grandes ni complicadas combinaciones de botones, y no las necesita. Controlamos la cámara y los movimientos de Max, al acercarnos a un objeto interactuamos con él y con un botón rebobinamos. Simple y fácil, al contrario que la gran mayoría de elecciones que nos presenta el juego. El hecho de poder rebobinar nos da posibilidades amplias a la hora de explorar una zona y, sobre todo, de charlar con los personajes. ¿Que quiero saber qué pasa si digo esto otro en lugar de lo que he dicho? Rebobino y punto. ¿Que me gusta más lo que dije antes? Pues rebobino y vuelvo.
Simple y sencillo. O eso parece a simple vista, claro. Los recursos narrativos para rellenar los huecos y ponernos en situación son sencillos: el diario de Max y su móvil, elementos que acaban tomando más importancia de la que parece en un primer momento.

Los temas a tratar...creo que podríamos hacer una reseña entera simplemente con los temas en los que ahonda Life is Strange. La amistad, el amor, la soledad, la ansiedad y presiones sociales, el bullying, la rebeldía, la vida y la muerte, el estrés post-traumático, la depresión, las decisiones difíciles, o la necesidad de crecer y dejar atrás el pasado son algunos de los muchos temas que encontramos a lo largo de la historia y que se encarnan en los personajes. Sí hay que felicitar al juego por tratarlos de forma diferente, original en muchos casos y natural en otros tantos.

Vámonos con los aspectos técnicos, que merecen su mención. El juego basa su ambientación en una caracterización casi de caricatura, de dibujo animado en lugar de un realismo puro (como se puede apreciar con el pelo de los personajes en las escenas de lluvia, o en los gestos de los personajes, algo mecánicos). Esto en particular a mí me gustó mucho cuando lo jugué por primera vez; siendo sincera, el juego ya me entró solo por los ojos. Me gustó el colorido, el conjunto de tonos pastel y la forma de cuidar cada detalle (como las pecas de Max, por ejemplo) en los escenarios sin abandonar ese tono de dibujos animados. Tiene su propio estilo, aunque se puede criticar algún problema a la hora de sincronizar los labios del personaje con la voz y algunos gestos demasiado mecánicos y a veces algo rígidos.
Pero, sin lugar a dudas, si hay dos elementos en esta ambientación que merecen un pedestal son la banda sonora y el trabajo de los actores de doblaje. La banda sonora está escogida maravillosamente, y es uno de los grandes puntos fuertes de Life is Strange; las canciones están perfectamente sincronizadas para acompañar un momento específico y para hacer sentir al jugador una emoción concreta, y hacen muy bien su trabajo, tanto que casi son ellas las que nos impulsan a llorar cuando hay una escena dura. Destaco a los dobladores porque no sabemos apreciar su trabajo, de verdad que no. Su actuación en este juego es sublime, cada uno de ellos da una personalidad muy marcada a su personaje y le insufla de vida y carácter propios. Chapó. Felicitaciones en especial a Ashly Burch, la voz de Chloe, en una cierta escena en el desguace/vertedero. Eso rompió mi corazón en millones de trocitos, aunque Chloe no sea especial santo de mi devoción.

Hemos hablado de la mecánica de juego, la ambientación, los temas y los finales. Para finalizar el grueso de la reseña, os voy a hablar del verdadero corazón de Life is Strange: sus personajes.

Nada mejor para introducir esta sección que el propio diario de Max

Como jugadores, nos metemos en la piel de la protagonista, Max. Muchos personajes definen a Max como una hipster; ella se define a sí misma como una nerd, una friki. La verdad, es un poco de las dos cosas: adora la fotografía, valora inmensamente la amistad y tiene una debilidad por los cachivaches viejos y analógicos. Es tímida, dulce, sarcástica, valiente y una solitaria empedernida, con una lealtad y un corazón de oro. No sabéis lo mucho que he llegado a querer a Max.  Creo que es imposible no apreciarla, aunque solo sea un poco; en mi caso particular, se ha ganado un lugar especial en mi corazón porque me veo reflejada en ella.  Me identifico con Max, muchísimo, con los problemas para relacionarse con la gente, su timidez y sus inseguridades, con el ácido sarcasmo que muestra para sí misma y con esa necesidad de ayudar en lo que pueda y, aún así, sentirse un poco invisible. La miro y me veo a mí misma, y a medida que jugaba me fue mimetizando con ella en muchísimos aspectos, hasta llegar a sufrir en los momentos en los que ella sufría, reír en los que ella reía. Max Caulfield es la razón primordial de que yo me haya enamorado como una loca de Life is Strange. Como un plus, adora la fotografía y es una friki redomada: ¿cómo no iba a querer a Max?

Como muy bien dicen en el juego, todo viajero en el tiempo necesita un secuaz fiel (y yo añado metepatas), y en este caso esa es Chloe Price, la rebelde y problemática mejor amiga de la infancia de Max que todavía trata de lidiar con la muerte de su padre cinco años atrás y con el hecho de que su madre ha rehecho su vida con otro hombre. Mis opiniones sobre Chloe son...digamos no muy populares, al menos en internet.
Voy a ir directa al grano: yo no aguantaba a Chloe hasta el episodio 4 más o menos. E, incluso después de este, sigue sin ser santo de mi devoción, cosa que ya os he dado a entender. Sí, acabé cogiéndole cariño, pero me costó muchísimo; me parece poco más que una cría enfurruñada, egoísta y caprichosa, y, en los primeros episodios, reconozco que la enfadaba a propósito por el puro placer de hacerlo. Seamos sinceros: Chloe es invasiva, celosa y bastante posesiva, puede que hasta incluso un pelín paranoica. No conoce el término medio entre extremos y pasa de uno a otro con una facilidad pasmosa. Creo que es uno de los pocos puntos en los que no concuerdo con Max, esa devoción por Chloe.
Está tan enfadada con el mundo que es incapaz de salir de su propia furia, y solo quiere echar las culpas al universo de lo mal que la ha tratado la vida, sin asumir ningún tipo de responsabilidad. La culpa siempre es de otra persona. Chloe necesita madurar, y lo necesita con urgencia.
Pero una cosa hay que reconocerle a Chloe: es leal. Leal hasta la médula. Es leal y, a lo largo del juego, parece ir empezando a asumir que tal vez parte de sus problemas vengan de su propia incapacidad de aceptar sus propias culpas. Todavía mantiene ese componente impetuoso, y es una persona difícil de llevar, pero lo intenta. A finales del episodio 5 podemos ver por fin a una Chloe altruista, a esa Chloe altruista que habíamos vislumbrado en el pasado. También hay que reconocerle a la chica que los problemas la buscan, incluso cuando ella no lo hace; creo que no es spoiler deciros que Chloe es un imán para ellos y que nos pasamos el juego intentando salvar su culo.

Sí que es verdad que Life is Strange basa su trama en la relación de Chloe y Max, y la cimenta de forma realmente preciosa. Son buenas amigas, mejores amigas, y, a elección del jugador, pueden llegar a ser incluso amantes. Esto es un enorme, gigantesco y pantanoso agujero. La gran mayoría del fandom de Life is Strange es Pricefield a muerte (ChloexMax) y en ese sentido me siento un poco sola...porque soy incapaz de verlas como pareja. Antes de que me arranquéis la cabeza, dejadme explicarme: en primer lugar, no creo que Chloe esté preparada para otra relación (los que habéis jugado me entenderéis, puesto que se pasa la vida mencionando a otra persona mientras está con Max). En segundo lugar, su relación con Max, si la miramos desde cierto punto de vista, es bastante espinosa: Chloe empuja a Max a hacer cosas que ella normalmente no se siente cómoda haciendo (sí, venga, juguemos con armas porque evidentemente nada puede salir mal en esto), la hace abusar de sus poderes por pura diversión como si fuera un juguete (con consecuencias bastante funestas) y tiene tendencia a enfurruñarse con ella o incluso enfadarse seriamente si no hace lo que Chloe considera mejor para sí misma (ejemplo: la llamada de Kate o la famosa escena de fumar hierba), además de echarle en cara cosas y culpas que escapan a su control, aunque a favor de Chloe sí que hay que señalar un aspecto en el que tiene derecho a hacerlo (Max no mantuvo contacto con ella cuando pasaba por el peor momento de su vida). Pero eso no le da derecho a hacer sentir mal a Max por no contestar una llamada de otra persona mientras está con ella. Max se desvive por Chloe, y Chloe la quiere muchísimo, eso está claro, pero también es verdad que se pasa más de la mitad del juego echándole en cara cosas a no ser que el jugador decida bailarle el agua en absolutamente todo, con lo cual Chloe estará contenta. En realidad, hay algo en lo que la mayoría de gente no ha caído, y es que si Chloe fuera un chico el fandom se echaría encima de los Priecefield shippers diciendo que es una relación tóxica.

Y después de este apunte, continúo con los personajes; Life is Strange bebe mucho de tener pocos personajes, la gran mayoría secundarios, pero muy bien desarrollados y cada uno con un papel muy bien marcado en la trama. Chloe y Max son las protagonistas más primordiales, el alma de la historia y las que la conducen, pero sin los secundarios esta queda vacía. Life is Strange no sería capaz de ser lo que es ni de desarrollarse tan bien sin los grandes secundarios que conforman el resto del reparto.

Voy a empezar con nuestro segundo escudero en el periplo, uno que queda bastante más relegado pero al que yo he cogido un inmenso cariño a lo largo del juego: Warren Graham. Warren es el mejor amigo de Max en Blackwell, la definición andante de nerd: fan absoluto de Doctor Who, Expediente X y las películas antiguas, jugador compulsivo del World of Warcraft y amante de la ciencia. Es el comodín de la llamada de Max: cuando tenga un problema y no sabe por dónde tirar, Warren será la opción más rápida porque siempre está disponible para echar un cable. Literalmente, será el caballero andante en varias ocasiones. Creo que Warren es uno de mis blancos más prominentes en cuanto a achuchones en este juego. Le tengo un cariño especial, sobre todo porque se parece muchísimo a alguien a quien quiero un montón.
Warren es lo que en internet llamamos rollito de canela. En este caso, un pobre rollito de canela. Es el benjamín del juego (16 añitos) y eso le hace ser un torpón adorable que puede meter la pata con frecuencia y al que el fandom no perdona simplemente porque es la otra esquina en el triángulo amoroso que se han montado. Me explico: como jugador, tú puedes elegir si quieres desarrollar algo más que amistad con Warren. Y se arma entonces el pifostio. De este pobre chico he visto de todo: desde teorías que le hacían el verdadero malvado hasta acusaciones de ser un acosador que solo quiere acostarse con Max. El crimen del pobre chico es estar enamoradito hasta las trancas de la protagonista...y ser demasiado bueno. Sí, también se le acusa de tener el Nice Guy Syndrome. ¿Que Warren se interpone para que no te den una paliza? Nice Guy Syndrome. ¿Que te manda un montón de mensajes de texto? Acosador. ¿Que te ayuda en lo que sea, a la hora que sea y sin hacer preguntas o mosquearse porque no le contestas en nada? Nice Guy Syndrome. Podría ponerme muy bestia ahora mismo, podría utilizar una retahíla de palabras malsonantes, pero creo que lo voy a resumir de forma muy elegante: cuanto más se mete la gente con él, más le quiero, aunque solo sea por llevar la contraria. No sé cúal es el problema del fandom, teniendo en cuenta que Warren solo será tu amigo si tú eliges ir por esa vía. Si quieres desarrollar algo con él o no es puramente tu elección. Long story short: yo por Warren mato.

Voy a destacar peculiarmente a Kate Marsh; si Warren ya era un rollito de canela al que proteger, Kate eleva esa moción a la enésima potencia. En ella se personifican temas peliagudos, muy peliagudos, y es ese personaje al que nadie puede odiar, al que todos queremos proteger y que protagoniza una de las escenas más desgarradoras del juego. Reconozco que cuando empecé a jugar, no me imaginé todo lo que iba a conllevar Kate y el problema que escondía detrás; en un principio, es difícil ver la conexión y eso es un punto a favor en la historia. Kate es, simplemente, demasiado buena persona para el estanque de tiburones que es la Academia Blackwell.


Hay muchos otros secundarios importantes, como son el Señor Jefferson, el profesor de fotografía de Max, Samuel, el peculiar conserje de sabiduría infinita, Joyce Price, la madre de Chloe y, en particular, David Madsen, el jefe de seguridad de Blackwell. De estos, el más interesante a priori es David: un antiguo veterano de guerra que, a pesar de ser un paranoico, está más cerca de la verdad de lo que puede realmente imaginarse. David es un personaje complicado. Está lleno de matices y es muy difícil de entender. En los primeros episodios, es un auténtico dolor de muelas, y hace muchas cosas cuestionables, pero yo reconozco que acabé cogiéndole cariño.


En cuanto a los antagonistas...creo que podríamos considerar antagonistas a Victoria Chase y Nathan Prescott, pero, siéndoos honesta, no son el tipo de antagonistas de carácter totalmente negro. Creo que pasa lo mismo con Frank Bowers, un tipo...de carácter dudoso. La gracia de estos dos personajes es que son muy grises: en un primer momento, se nos presentan como el arquetipo de abeja reina y gallito del instituto respectivamente, pero poco a poco van escalando en algo mucho más humano. Vamos viendo cómo Victoria se desmorona en alguien casi patético por sus propias inseguridades, y Nathan se hunde por el peso de su propia vida; este último tiene un aire muy similar a Draco Malfoy, un chico que por presiones familiares acaba tomando decisiones no muy acertadas que le van destruyendo poco a poco. Reconozco que llegan a dar mucha pena, especialmente Nathan, pero me temo que eso no le excusa de todos sus actos. Y Victoria...digamos que comete el mayor crimen que se puede cometer: te roba las galletas en venganza por una decisión previa.
Mal, Victoria, mal. Las galletas son sagradas.
Os doy un último apunte sobre el malo final sin desvelaros realmente quién es: Life is Strange juega muy bien sus cartas con el antagonista final. Reconozco que, por simple gracieta o intuición tonta (no lo tengo muy claro) adiviné quién sería, pero eso no me quitó una buena sorpresa cuando finalmente se desveló el gran secreto, más que nada por el impacto de la escena. Esa escena me puso los pelos de punta.

A grandes rasgos, creo que ya os he acosado con lo más destacable del juego, y, si seguís aquí, admiro vuestra fuerza de voluntad porque ha salido una entrada más que solo gigantesca. Mil gracias por aguantar.

Conclusiones finales y mi nota particular:

Life is Strange es un buen juego. De verdad, es un gran juego. Es el tipo de juego que te hace sentir, que te hace implicarte, al que haces tuyo. Cada jugador es distinto, y cada uno hace su propia historia, combinándola con las emociones que esta le suscita, y tiene una serie de elementos que lo hacen especial, propenso a colarse bajo tu piel. Su historia es misteriosa, intrigante y mantiene a su jugador al acecho de cada mínima pista que pueda aparecer. Te sumerges en ella, lloras y ríes con los personajes, a esos personajes que coges un cariño especial, y llegas a sentirla como parte de ti, porque tú decides. Tú eliges qué quieres hacer, y esas decisiones, todas y cada una de ellas, tendrán consecuencias cuando menos lo esperes, a corto o largo plazo.
Sus personajes son increíblemente realistas, la música es sublime y los dobladores hacen un trabajo de diez. La ambientación es muy curiosa, con un toque de dibujo animado muy peculiar que a mí, en particular, me pareció apetecible a la hora de jugar.
No es un juego difícil de jugar con respecto a su mecánica...pero sí lo es a la hora de hacerlo a nivel emocional. Life is Strange toca con acierto las teclas adecuadas en cada persona para hacernos llorar como magdalenas sin el menor esfuerzo o para hacer que un escalofrío nos recorra las espalda a medida que jugamos en sus niveles más oscuros. No os dejéis engañar por su aspecto, lleno de colores pasteles y por sus personajes aparentemente estereotipados: esto no es una aventura en un instituto americano en absoluto. Esto va a lidiar con temas muy oscuros y, sin embargo, muy reales, los personajes se irán revelando contra esos estereotipos e irán rompiendo moldes, y puede incluso que si juegas determinados capítulos tú solo por la noche en tu habitación te levantes sugestionado a beber agua. No seáis como determinadas editoras (que se negaron a distribuir el juego porque su protagonista era una mujer) y os dejéis engañar por las apariencias. Dadle una oportunidad, porque a pesar de sus fallos, a pesar de jugar con los viajes en el tiempo (algo que hace bastante bien excepto en un par de ocasiones demasiado rebuscadas), una mecánica que siempre es muy peliaguda por todo lo que suele generar, deus ex machina incluidos, Life is Strange es un juego que merece la pena jugar.
Os aviso: es cierto, deja un sabor de boca muy agridulce, y su final (cualquiera de ellos) puede decepcionar al jugador. No porque sean "malos" en el sentido de que no cuadran con la trama, porque, de hecho, son los únicos que podrían ser coherentes tal y como se plantea la historia, sino porque al implicar tanto al jugador, al convertirlo en Max, nos resultan desalentadores. Tenedlo muy claro: no esperéis un final rosa y con arcoiris porque no lo vais a tener. Esto es la vida. Y la vida es, bueno...extraña.

Mi nota para Life is Strange es de:
9/10

¡Nos vemos bloggeros!

Os dejo con Max y Warren porque soy Grahamfield hasta la médula...y ship trash #SorryNotSorry


martes, 27 de junio de 2017

Review: "Noragami" + "Noragami Aragoto"

¡Buenas a todos, bloggeros!
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hice una reseña de anime, y, la verdad, si os soy sincera, parte de mí empezaba a inquietarse: era algo que ya tocaba. Y esta vez ha caído "Noragami" (y su segunda temporada), un anime que mi tía y mi hermana llevaban mucho tiempo diciéndome que viera y que no había cogido hasta que mi hermana tomó cartas en el asunto y me arrastró hasta el ordenador para verla. Cada vez soy mejor en mantener mi bocaza cerrada, así que no hay spoilers importantes en la reseña (aunque puede que se me cuele alguno menor). 


Ficha técnica (aka. info general):
El anime está basado en el manga homónimo de Adachitoka, que empezó a publicarse en 2011. La adaptación a TV corrió a cargo del estudio BONES y se compone, por el momento, de dos temporadas, "Noragami" y "Noragami Aragoto", de doce y trece capítulos respectivamente. Todavía está por confirmar una tercera, y el manga continúa publicándose.

Sinopsis:
Yato es un dios menor cuyo objetivo en la vida es conseguir, por fin, un santuario y una buena cantidad de seguidores que le recen plegarias y lo adoren.
Sin embargo, su sueño no está precisamente cerca de hacerse realidad: Yato es un dios vagabundo, es decir, se pasea por las calles de Japón siendo prácticamente invisible a ojos de los transeúntes, con un chándal y un pañuelo raídos y pintarrajeando las paredes para promocionar su capacidad de conceder deseos (por solo 5 yens). Para empeorar las cosas, su Tesoro Sagrado (espíritus buenos que colaboran con los dioses para eliminar a los espíritus malignos, ayakashis), Tomone, acaba de renunciar, dejándole totalmente en la estacada.
En este contexto, Yato se chocará con Hiyori Iki, una jovencita de instituto que, tras sufrir un accidente por culpa de un gato llamado Ue-sama, tiene un pequeño problema: su alma deja su cuerpo sin previo aviso y de forma repentina. Así, Hiyori recluta a Yato (y, posteriormente a su nuevo Tesoro Sagrado, Yukine) para que la ayude a resolver su problema y, en el proceso, le ayudará a dejar atrás su pasado y a empezar a dar los primeros pasos para convertirse en toda una célebre deidad.

Reseña general:
Empecé a ver "Noragami" totalmente a ciegas: no había oído hablar del anime, no conocía el argumento ni había leído ninguna reseña ni opinión (excepto la de mi hermana menor) así que lo vi sin predisposición de ningún tipo ni juicio previo.

Llevaba mucho tiempo sin ver anime, porque últimamente no he estado muy conectada a cualquier cosa que no sean trabajos o exámenes, y cuando he tenido un rato libre me he dedicado a escribir, pero ver "Noragami" me ha recordado a mí misma por qué me gusta tanto el anime.
Con "Noragami" he vuelto a devorar episodios y he regresado a ese afán mío de ver más y de entender, de comprender  e indagar en la serie. Vi con mi hermana los cuatro primeros episodios y, a partir del quinto, no pude parar. Terminé la primera en una tarde, la segunda la vimos juntas en menos de 24 horas y las ovas las vimos al día siguiente. Maratón de Noragami, porque es un anime que, la verdad, lo merece. No es largo ni pesado, se ve rápido y no pierde la perspectiva sobre sí mismo: sabe qué quiere contar y lo cuenta de forma directa, aunque sí que hay que admitir que deja muchas cosas en el tintero, sobre todo acerca de Yato y su pasado porque cuando realmente se empieza a ahondar en el tema se acaba el arco, termina la segunda temporada y deja al espectador con un montón de preguntas y con muchas ganas de saber. Ese es el lado negativo de la brevedad del anime; el positivo es que no se entretiene en cosas inútiles o irrelevantes (ni relleno, el gran enemigo del fan de anime). Algo que hay que destacar de "Noragami" es que no se basa en la lucha contra un malo externo, ni contra un gran villano (al menos, no el anime), sino que el corazón de la serie está en los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos. Y eso le da un cierto factor especial, entrañable.

La primera temporada empieza un poco lenta; sí que es verdad que tiene un ritmo algo irregular en ella, pero se solventa a medida que avanza y, a partir de la segunda, ese mínimo fallo desaparece. Los primeros episodios se basan bastante en situar al espectador, en presentar a los tres principales y a varios secundarios importantes y en establecer las reglas del mundo.
Por eso, esos cuatro-cinco primeros episodios son algo más aburridillos, menos entretenidos. La cosa empieza a ponerse interesante cuando rozamos el episodio cinco, y el anime hace entonces un efecto de montaña rusa: los primeros episodios han sido la cómoda subida y empieza la vorágine de la bajada. Un punto negativo que se puede sacar a "Noragami" es precisamente algo que deriva de esto, pero que se soluciona con Aragoto: "Noragami" tarda en arrancar, y da la impresión de que el villano aparece un poco surgido de la nada, para, realmente, no hacer gran cosa. De hecho, no aparece hasta los últimos capítulos, lo cual da una sensación algo extraña.
La segunda temporada no tiene ese problema: va al grano y a la acción directamente, porque no tiene que explicar demasiado, y lo que tiene que explicar, lo explica rápido y sin grandes problemas. En esta segunda temporada, además, los lazos entre los personajes ya están creados, así que solo debe hacer hincapié en profundizarlos y en mantener al espectador interesado sobre lo que les ocurre. Y cumple con ello.

A mí en particular, me gustó más Aragoto que Noragami a secas, y disfruté mucho con las Ovas (que, por cierto, son muy, muy divertidas pero tienen spoilers a punta pala, así que si pensáis verlas, ved primero las dos temporadas), pero hay algo que no puedo obviar. El gran problema de Noragami: queda muy en el aire. Falta explicar varias cosas que necesitaban un trasfondo mayor. Es divertido y ameno, pero quizá sea su falta de capítulos lo que lo hace cojear. Si hubiera sido más largo, posiblemente sería un anime mucho más conocido y se habrían desarrollado mejor muchas cosas que solo se mencionan o se dejan a la intuición del espectador, cosas en las que habría tenido que ahondar más.

Cuando empieza a hacerse hincapié en lo más interesante, eso que el espectador quiere saber desde la primera temporada (Yato y su pasado, por qué continúa vivo después de tantos años sin que nadie le reconozca siquiera), el anime termina, y no hay, de momento, planes para una tercera temporada que es más que solo necesaria. Yo, por mi parte, la exijo: #QueremosTerceraTemporadaDeNoragamiYa. Necesito respuestas. Y seguramente me saldrá mejor leerme el manga para ello peeero, en fin, soñar no cuesta nada.

El corazón de Noragami no está realmente en la historia, sino en sus personajes. En este anime en particular son muy importantes los lazos entre ellos, cómo se ayudan para avanzar hacia aquello que quieren ser, no solo el trío de personajes principales (Yato-Hiyori-Yukine), sino también los secundarios. "Noragami" acierta en crear personajes con una buena profundidad en muy poquitos capítulos.


En primer lugar tenemos a Yato, nuestro dios vagabundo, que combina de maravilla el pasado sombrío y oscuro con lo cómico y divertido, incluso infantil en algunos aspectos. Puede ser el mayor payaso del anime o el personaje más letal de la serie, y, a mis ojos, uno de los más leales. Nuestro protagonista es un payasete con el corazón de oro, lleno de matices y complejos, que se gana al espectador prácticamente desde el momento en que aparece en pantalla; tiene luces y sombras, momentos de fuerza y debilidad que lo hacen, paradójicamente, un personaje muy humano a pesar de que hablamos de un dios (algo que, en realidad, pasa con la gran mayoría de deidades que aparecen en Noragami). Yato es uno de los personajes más queridos de Noragami, y con razón; en muchos aspectos, me recuerda mucho a Rin Okumura, de Blue Exorcist, pero con más cabeza y experiencia en lo que hace.
Después tenemos a Hiyori Iki, la protagonista femenina del anime. Para tirar topicazos abajo, Hiyori no es la típica niña de anime que llora, se esconde tras el protagonista y no hace nada útil: no, Hiyori sabe salir de un atolladero y sacar a otros de él, es amante de las artes marciales, lo cual hace de ella alguien duro y con recursos de lucha, pero también es dulce y maternal, muy leal a sus amigos y uno de los motores de la serie. Si no llega a ser por Hiyori, Yato y Yukine estarían en serios problemas en varios capítulos. El hecho de que en ella se combinen diversas emociones y formas de comportarse lleva a algunos a decir que es inconsistente, pero, a mi juicio, eso hace de ella un personaje fácil de querer, con el que uno puede identificarse, y con un puntito divertido que hace que encaje tan bien en esta historia.
De izda. a dcha.: Yukine, Yato y Hiyori
Y para completar nuestro trío protagonista tenemos a Yukine, el Tesoro Sagrado ("Shinki") de Yato. Si hay un personaje que evoluciona en el anime, ese es Yukine: pasa de ser un niño roto y furioso con el mundo a todo un héroe, dispuesto a darlo todo por sus amigos. Y, a medida que lo hace, se gana el corazón del espectador. Yukine empieza siendo un personaje que resulta difícil de querer, por su continuo enfado con el mundo (enfado más que justificado, por otra parte), sus mentiras y su agrio carácter. Sin embargo, tras un punto de cambio, Yukine comienza a aceptar lo que ha pasado, y entonces se transforma en el niño al que todos tenemos ganas de achuchar, ese que es leal a más no poder a Yato y a Hiyori. Yukine me irritaba al principio, aunque no llegué a odiarle, porque es fácil entender su enfado; cuando empezaron a pasar los episodios, y él comenzó a evolucionar, se ganó un lugar en mi corazón.
No soy capaz de elegir a un favorito en nuestro trío de oro: los tres me encantan como personajes individuales y, como equipo, son lo que cualquiera llamaría "squad goals". Es difícil no querer a estos tres; en realidad, es difícil no querer a ningún personaje de "Noragami" (excepto Nora).

Los secundarios juegan un papel importante en la historia. Tenemos, por una parte, a Kofuku y su shinki, Daikoku, alivio cómico por excelencia en la serie: gracias a ellos tenemos una gran cantidad de momentos hilarantes, por lo general debido a la vivaracha diosa y a las desgracias varias que suele causar de forma involuntaria y que Daikoku intenta evitar por todos los medios. Por otra parte, tenemos a Bishamonten, "Bisha" diosa de la guerra y mujer fatal de la serie, y a su sufrido y leal shinki, Kazuma, pareja que adquiere un protagonismo especial en Aragoto y que aportan un toque dramático que permite avanzar en la trama y ver un lado distinto de Yato. Bisha...digamos que es el tipo de personaje que no querrías cruzarte cuando está furiosa, aunque también muestra un lado muy humano de sí misma que acaba por conmover sin remedio.
En cierto modo, los antagonistas de "Noragami" no cobran gran importancia hasta la segunda temporada. El de la primera no aparece hasta casi el final y solo sirve como colofón sin mayor importancia. Es en la segunda donde empezamos a ver más del trasfondo del mundo, y cuando nos encontramos con determinados individuos que rellenan ese papel y con alguien a quien podemos definir como verdadero "antagonista". Sin embargo, volvemos al principal problema del anime: el verdadero antagonista, ese que realmente parece tener un plan para hacer daño a nuestros protagonistas, aparece justo al final...y no se explaya ni en sus motivos ni en sus capacidades. Ni siquiera se enfrenta a nadie cara a cara. Eso es lo que queda en el aire para la tercera temporada.
La única que podemos calificar de "antagonista" y que desde el principio da una terrible mala espina, es Nora. Ella sí es el personaje odioso por excelencia, que esconde una gran maldad tras una carita de ángel muy bien disimulada.

Conclusiones finales y mi nota particular:




"Noragami" es un anime entretenido: es ameno, cortito y ligero para ver en un par de días, tiene acción y buenas peleas, momentos divertidos, dulces y entrañables, y personajes a los que es fácil querer. Lidia, además, con temas interesantes, importantes, como son la aceptación de cosas que escapan a nuestro control, aquello que hacemos y de lo que nos arrepentimos, y de cómo deseamos cambiar para mejor.
Uno de sus puntos fuertes es un argumento interesante, y un mundo bien construido, curioso y diferente; su ritmo es rápido y no se va por las ramas: tiene muy presente lo que quiere contar, y lo narra de manera eficaz, de forma que enganche al espectador y lo mantenga pegado a la pantalla, sin caer en repeticiones y, la verdad, sin topicazos. Empieza de manera algo lenta, pero pronto sabe remontar esa lentitud, sobreponerse y, para el capítulo cinco de la primera temporada, entra en una vorágine de la que no sale hasta el final. La segunda temporada mejora la primera, ahondando más en el pasado de los personajes, consolidando las relaciones entre ellos y la mitología del mundo.
Merece la pena verlo, sí, aunque solo sea por su principal punto fuerte: sus personajes. Ellos hacen de "Noragami" no solo una serie entretenida, sino con un algo diferente y especial; evolucionan hasta hacerse a sí mismos, hasta hacernos quererlos. Yato, Hiyori y Yukine hacen un gran equipo, uno de los que a mí, en particular, más me han gustado de todos los animes que he visto. Se complementan perfectamente, con la combinación que sea: los tres juntos, solo Yato y Yukine, relación preciosa en la serie y a la que dedican una gran cantidad de trama mjy bien invertida, solo Yato y Hiyori o únicamente Hiyori y Yukine. Cada uno de ellos aporta una dinámica distinta al grupo.
Sin embargo, "Noragami" peca de dejar demasiadas cosas en el aire: esos pocos capítulos son un poco su perdición, porque muchos aspectos que merecen ser mejor explicados (el pasado de Yato, o el de Yukine) quedan en una simple mención, o a la imaginación del espectador. Al ser tan pocos capítulos, da la sensación de que el final de temporada, de ambas, es algo precipitado; de hecho, tiene un final muy abierto, en el sentido de que es evidente que planeaban una tercera temporada que es necesaria, pero de la que, de momento, no se sabe nada.

Os lo recomiendo, a pesar de todo, incluidas las ovas, que son divertidísimas. "Noragami" os hará pasar un buen rato, y es un buen anime para distraerse; si os gusta el anime sobrenatural, dadle una oportunidad a Yato, Hiyori y Yukine, no os arrepentiréis.

Mi nota para "Noragami" es de:
7'5/10
Mi nota para "Noragami Aragoto" es de:
8/10
Global:
7'75/10

¡Nos leemos, bloggeros!

martes, 13 de junio de 2017

En el ojo del huracán: "Por trece razones (13 Reasons Why)"

¡Buenas de nuevo, bloggeros!

Han pasado un par de meses desde que publiqué ninguna entrada, principalmente por mi histeria pre-exámenes y la resaca de información posterior, pero bueno, por suerte o por desgracia ya estoy aquí de nuevo para daros un poco la tabarra.
Os cuento un poco de qué va esto. Durante las vacaciones de semana santa, (que me pasé en parte estudiando) apareció en Netflix una serie de la que seguro habéis oído hablar todos: "Por trece razones", o, como la conocen originalmente, "13 Reasons Why" (a partir de ahora 13RW).
La cuestión es que nos llamó la atención a mi madre, a mi novio y a mí, empezamos a verla y nos enganchamos. Cuando la acabé, pensé en hacer una reseña, pero volví a la universidad y las últimas semanas de clase me absorbieron. La cosa quedó, por tanto, ahí, con 13RW como una de mis series pendientes para reseñar aquí.
La idea original, era hacer una reseña, sí, pero unas últimas noticias un tanto controvertidas alrededor de la serie, su polémica temática y una amplia gama de opiniones en redes sociales me han llevado a querer expresar la mía, no tanto sobre la serie como tal, sino también sobre su mensaje y la puesta en escena de este. Casi me da un poco de miedo hablar del asunto, porque veo que se me va a echar encima media red, pero me apetece hablar sobre ello.
Y así es como la reseña pasó a ser esto, un artículo de opinión, y con ello os dejo. Aviso: el artículo contiene spoilers de la serie; si no lo hiciera, no podría exponer adecuadamente mis argumentos.

En el ojo del huracán: Por trece razones (13 Reasons Why)



"Soy Hannah. Hannah Baker. Voy a contarte la historia de mi vida. La razón por la que mi vida se terminó. Si quieres saber más, solo dale al play".

Antes de nada, os pongo en situación. "Por trece razones" es una serie original de Netflix de trece capítulos, basada en el libro homónimo de Jay Asher, y que cuenta con un reparto coral entre los que destacan Katherine Langford, Dylan Minette, Kate Walsh, Christian Navarro, Miles Heizer o Alisha Boe entre muchos otros. La historia trata unas temáticas tan duras como actuales: el acoso escolar, el acoso sexual y la violación, y el suicidio.

Hace un par de semanas, Hannah Baker se quitó la vida. Al volver a casa tras el instituto, Clay Jensen, uno de sus compañeros, se encuentra con una caja de zapatos que contiene siete cintas de cassette. Al reproducir la primera de ellas, Clay descubre que las cintas han sido grabadas por la propia Hannah antes de suicidarse: cada cinta cuenta un pedacito de su historia ligada a otra persona de su entorno, "una razón" que la ha empujado a tomar su decisión. Las normas que ella narra en la primera cinta son sencillas: las escuchas y las pasas al siguiente de la lista. De no hacerlo, una segunda copia de las cintas, que Hannah dejó a alguien de confianza, saldría a la luz.
Y así, tanto Clay como nosotros empezamos a escuchar a Hannah y nos sumergimos en una historia oscura y dolorosa.

Es evidente que, con esta premisa, ver esta serie no es fácil. No es fácil ni tampoco recomendable si estás pasando por un mal momento, porque es una serie que habla de enfermedad mental, como la depresión y la ansiedad, del acoso, la violación y, por supuesto, el suicidio. En ningún momento se vende de otra manera: tiene misterio, sí, claro, el espectador está continuamente deliberando por qué, intentando averiguar quién sale en cada cinta y qué hizo a Hannah, pero desde el primer momento "13RW" se vende y promociona como una serie complicada, difícil de ver. Su contenido es difícil y cruento, especialmente a medida que pasan los capítulos y se acerca el final. La serie no se deja nada en el tintero: no pasa de largo las escenas violentas o de contenido sensible, de acuerdo con el equipo, porque era necesario hablar de ellas. Es necesario concienciar.
Y aquí precisamente reside la polémica. Lo que muchos han alabado por ser una concienciación y una clara muestra del daño que se le puede llegar a hacer a una persona, con actos ya no solo grandes y deplorables, sino también pequeños y aparentemente inofensivos, otros lo han criticado duramente por el hecho de mostrar escenas gráficas de suicidio y comportamientos tóxicos. En concreto, psicólogos y asociaciones han criticado duramente la escena del suicidio de Hannah, en el que la chica se corta las venas con una cuchilla y se desangra en la bañera, porque afirman que podría llegar a incitar al suicidio. O, directamente, que incita al suicidio, omitiendo el "podría".
La polémica ha empeorado recientemente a causa de esta noticia: hace poco más que una semana, un joven peruano fallecía tras saltar de su balcón. Había sufrido un desengaño amoroso y, junto a una nota a la mujer que le había roto el corazón, también dejó una serie de audios en su ordenador. Sí, de una manera prácticamente igual a Hannah.
Polémica servida.
Enseguida apareció una gran respuesta en las redes en contra de la serie, acusándola de mostrar el suicidio como algo bonito, glorificarlo, o, incluso, como una venganza personal contra los que consideramos los culpables de nuestros males. En marzo, todo eran alabanzas hacia la historia: lo bien que mostraba el acoso, las consecuencias de este y cómo se puede llegar a destruir a una persona con los actos, con una mínima chorrada que, para otro, para alguien que lo está pasando mal, puede ser un mundo. Todo eran halagos hacia el equipo por concienciar y sensibilizar, y hacia los actores por el buen trabajo que habían realizado.
Ahora en junio, resulta que la serie es el demonio reencarnado. Y yo me pregunto: ¿cómo hemos llegado a ambos extremos? Porque creo que me he perdido el paso intermedio.


Vayamos por partes.

Uno de los principales argumentos contra "13RW" es que el suicidio está glorificado en la serie. Y ahí es cuando pregunto ¿qué serie habéis visto? Porque no es la misma que he visto y.
La escena del suicidio de Hannah no tiene nada de poética. Es horrenda. Es devastadora. Es desagradable. Es muy desagradable de ver, es incómoda y desgarradora (y en esto sí estoy de acuerdo con la gente que dice que tal vez no era necesario; es muy gráfica, puede que demasiado): la ves a ella, llorando y temblando, hecha un manojo destrozado, la sangre le brota desordenada y sin control de las muñecas y oyes el repiqueteo del agua mezclada con esa sangre mientras su respiración se va a apagando. No es poética en absoluto. Es terrible de ver, y empeora cuando sus padres la encuentran en la bañera. Es desgarrador.
Durante toda la serie se hace hincapié un montón de veces que el suicidio de Hannah no solo ha acabado destrozando su vida. Ha destrozado la de sus padres, la de Clay, la de Tony, la de mucha gente a su alrededor. Y eso no tiene nada de épico, de bonito, ni de glorioso: es una muestra de cómo se trastoca la vida de tus seres queridos cuando te quitas la tuya. No, claro que no. Ni épico, ni romántico. Bécquer y el romanticismo poetizaron el suicidio. Esto, no.
Y esto nos lleva a hablar de uno de mis argumentos favoritos por lo asquerosamente común del hecho: "Hannah se quita la vida sin importarle nada más". Sí, echemos la culpa a la chica a la que han humillado públicamente, acosado, humillado y violado. Porque claro, todo eso no son razones para sentir que todo el mundo va a hacerte daño, para no valorarte a ti misma y para querer deslizar una cuchilla sobre tus muñecas. Perfecto. Culpabilizar a la víctima es una gran manera de quitarnos las culpas de encima; sociedad, lo estás haciendo genial.

Es muy cierto que otra de las críticas, con la que estoy algo de acuerdo, es que Hannah utiliza las cintas como venganza. Sí, yo también lo pienso, pero me sorprende ver que todo el mundo lo ve como algo...raro. Antes de explayarme en esto, un pequeño apunte de comparación: ¿habéis leído el libro? Si no lo habéis hecho, leeros un par de párrafos de explicación de Hannah, porque algunos no tienen desperdicio. La Hannah de la serie es bastante menos vengativa con respecto a las cintas. En la Hannah de la serie se ve un trasfondo diferente: se insiste más en que quiere que la gente que escucha las cintas entienda por qué le han hecho tanto daño y por qué ha tomado esa decisión. Y ahí reside un punto positivo de "13RW". Habla de los porqués. Muchas veces, lo que nos mata es el no saber. La incertidumbre. Criticamos que Hannah obligue a sus compañeros a saber todas las caras de lo que ella considera su historia, de sus razones, pero, en realidad, para algunos, el no saber es mucho peor que el no saber. Tal vez, el hecho de saber, de que Clay sepa qué ocurrió, haya salvado la vida a Skye Miller.
Y no os voy a decir que no crea que tiene un cierto componente vengativo: claro que lo tiene. Las cintas son una explicación para los motivos de Hannah, pero por supuesto que son también una venganza.
"¡Oh, qué mala, eso es de ser mala persona!"
No seáis cínicos, ni hipócritas: somos humanos, y, por naturaleza, cuando alguien nos hace daño, por muy buenas personas que seamos, en algún momento pensamos que tendría que pagar por ello. Hannah es humana, y, además, tiene depresión. Depresión por toda la mierda (perdonadme la expresión) que le están haciendo tragar entre todos sus "queridísimos y simpatiquísimos" compañeros del Liberty High. Así que sí, entiendo que las cintas sean una manera de hacer daño. No lo justifico, al menos no con mi estado de ánimo actual, pero lo haría estando en su piel. Y lo entiendo.
"¡Pero poner el suicidio como una venganza es tóxico, no es ético ni moral!"
Claro. Evidentemente. El suicidio es tóxico. Utilizarlo como una venganza no es ni ético ni moral. Pero lo hacemos. Lo hacemos porque es una forma de descargar enfado y furia, de descargar rabia contra la gente que nos ha hecho daño. Y eso es lo que está mostrando "13RW". En ningún momento da ese mensaje: claro que lo que hace Hannah está mal. Pero es algo que, admitámoslo, la gente ya podría llegar a hacer sin la ayuda de una serie.

Os voy a recordar algo que parecemos haber olvidado: el suicidio ya existía antes de esta serie. La depresión ya existía antes de esta serie. Las notas de suicidio ya existían antes de esta serie. Y la historia ya existía antes de esta serie. Esta historia está basada en un libro que se publicó hace diez años; sí, vale, admito que todos sabemos que los libros no tienen ni la mitad de repercusión que la televisión, algo que a mí me duele en el alma, pero he aquí el quid de la cuestión.
Me estoy desviando del tema. El principal problema que veían los expertos es que la escena del suicidio se muestra de manera demasiado gráfica. Totalmente de acuerdo. Es una escena terrible y para una persona que puede estar pasando por algo así o similar puede ser peligroso.
Pero, ¿realmente podemos afirmar que incita al suicidio, así, tan tranquilamente y sin matizar? Siento deciros que no puedo estar de acuerdo. No del todo. No os voy a soltar el típico argumento: hay advertencias de contenido sensible en cada uno de los capítulos. Bueno, sí, lo voy a hacer para dar pie a la siguiente contestación: "Alguien que tiene problemas mentales no hace ni caso de una advertencia. Ni siquiera le importa". De acuerdo, totalmente de acuerdo: cuando alguien está tan destrozado no quiere ni hacer caso de esas advertencias. Ni le importan y, además, ya se siente como una carga. Y así llegamos a donde yo quiero llegar: ¿por qué está sola una persona que necesita ayuda? ¿Por qué la dejamos de lado, o por qué está encerrada en sí misma y nadie se preocupa por ayudar?
Siento descubriros que, en este caso, el problema no lo tiene la serie. Ni tampoco el libro. El problema lo tenemos nosotros como sociedad, por culpar de estos temas tabús a materiales que lo tratan y que intentan visibilizarlos, con más o menos errores (porque no os equivoquéis, no defiendo en absoluto que la serie sea perfecta: tiene errores y muchos), en lugar de admitir que tenemos un problema: cuando nos enfrentamos con algo que no sabemos afrontar, cerramos los ojos, hacemos como que no mirarmos, y nos escandalizamos cuando suceden las cosas. Y entonces buscamos culpables, culpables que no seamos nosotros, por supuesto.

Claro que el suicidio es un tema peliagudo (y con peliagudo me quedo más que solo corta) y por eso precisamente deberíamos tenerlo más presente. Deberíamos tenerlo mucho más en cuenta. He visto una gran cantidad de críticas por "la serie incita al suicidio y los expertos lo afirman". Pero ¿sabéis una cosa? La escena de la violación de Hannah está en una página porno. O, al menos, estaba. Sí, no habéis leído mal. Y no he visto ni la mitad de protestas por esto en los diarios o en Twitter, donde, por cierto, es donde me enteré y donde, hay que reconocer, la gente protestó por ello. Y ¿sabéis otra cosa? Ningún experto ha salido defendiendo lo tóxico de este comportamiento, lo asqueroso que es que una sociedad se sexualice una violación, y nadie ha salido clamando al cielo porque había comentarios del tipo "es que que yo me masturbe con una violación no quiere decir que salga a la calle a violar a nadie". Querido, el problema es que te excite un acto en el cual se está forzando a una persona. Eso es un problema mental. O, bueno, en esta sociedad a lo mejor es señal de estar totalmente sano, ¿no?
En cualquier serie de procedimientos policiales, si hay una víctima femenina hay un 90%  de probabilidades de que haya sido violada antes de asesinada. Y es muy posible que en flash-backs o al principio del capítulo se muestre la violación de una manera que a cualquier chica nos pone los pelos de punta, casi explícita, por la situación, el contexto y la violencia de la imagen. Pero ahí no pasa nada. Y claro, eso no es incitar a nada. Con eso no hay tanto problema, ¿verdad? Hay un problema con lo que muestra esta serie, pero podemos aguantar perfectamente que a alguien le abran la cabeza con una taladradora en pantalla o que le rompan todos los huesos del cuerpo con un bate de béisbol. Lo vemos como lo más normal del mundo, cuando sabemos de sobra que hay gente que tiene esos impulsos. Pero en este caso, nadie sale a argumentar que este comportamiento se fomenta.
Ja, ja, ja. Permitid que me ría.
A eso se le llama doble moral social. Y no quiero fomentarla.

Conclusión


Voy a terminar la entrada dándoos una reflexión: si "13 Reasons Why" incita al suicidio, ¿cualquier serie procedural incita a matar? ¿"Dexter" incitaba a descuartizar a gente? ¿Series como "Castle" o "Hawai 5.0" incitan a cometer crímenes? Porque si lo ve un psicópata pueden estar fomentando y estimulando sus ganas de matar y, encima, dándole ideas para cometer un crimen. ¿Series como "The Walking Dead" me harán creer que van a salir zombies hasta debajo de las piedras?
Después de esta analogía un tanto cutre, os doy una mini aportación de teoría de la comunicación: es cierto, los medios tienen una responsabilidad social. Son uno de los principales componentes de la democracia y, o bien representan un reflejo de nosotros, o nos proporcionan parámetros para vivir nuestra vida (lo cierto es que los expertos no se ponen de acuerdo en esto, y si no lo hacen ellos, menos lo voy a hacer yo). Pero también es verdad que somos nosotros los que decidimos el punto de vista desde el que consumimos los productos mediáticos: que los medios nos insuflan información sin que interactuemos con ella o la cavilemos es una teoría totalmente  descartada (adiós aguja hipodérmica). Siempre y cuando no hablemos de propaganda manipuladora, obviamente, que no es el caso. No vivimos en la época de "La guerra de los mundos" de Orson Wells, en la que la gente entró en pánico porque creía que nos invadían los extraterrestres.
Conclusión: si le echamos toda la culpa a una serie, en lugar de admitir que no prestamos suficiente atención a la gente de nuestro alrededor que puede necesitar ayuda, entonces tenemos un grave problema como sociedad. Dejad de hacer demagogia barata: simplificar la realidad no es deseable y mucho menos saludable.
"13 Reasons Why" tiene aciertos y tiene fallos, por supuesto. No es un material fácil de ver, pero su principal problema, o, mejor dicho, el principal problema que tiene el mundo con la serie, es que, en el fondo, nos asusta vernos tan bien representados. Nos asusta ver el daño que podemos llegar a hacer.

jueves, 30 de marzo de 2017

Reseña "Ofrenda a la tormenta" (Trilogía del Baztán 3)

¡Buenas otra vez, bloggeros!

Aprovecho que tengo un ratito libre para traeros, esta vez sí, la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta", de la escritora española Dolores Redondo. Podéis leer mis dos reseñas anteriores sobre la primera y la segunda parte aquí y aquí respectivamente. Aviso: la reseña no contiene spoilers de la tercera parte de la trilogía, pero, evidentemente, sí de sus dos predecesoras.





Sinopsis
Tan solo un mes después de rescatar a Ibai de las tétricas garras de su madre, Rosario, y el doctor Berasategui, Amaia Salazar debe enfrentarse a un nuevo y espeluznante caso: en Elizondo aparece muerta una niña en circunstancias sospechosas. La pequeña parece, en un principio, haber muerto de muerte súbita del lactante, pero hay una serie de detalles que llaman la atención de los inspectores, como las marcas rojizas en el rostro de la niña, propias de la asfixia, y el convencimiento de la abuela de que el padre de la criatura tiene algo que ver. Las sospechas se confirmarán cuando, en un extraño movimiento, dicho progenitor intente llevarse el cadáver del bebé. Entonces, Amaia y su equipo se encontrarán con el caso más peliagudo de sus vidas, un caso que se remonta a décadas atrás, que dejará un rastro a lo largo del río Baztán y que explicará todos los sucesos que han ido ocurriendo en el Valle...

Mi opinión
En un principio, tenía pensado escribir esta reseña antes, de seguido con los otros dos libros. No pude hacerlo de inmediato, sin embargo, porque al ir leyendo, y, sobre todo, al terminar el libro, me encontré con que necesitaba procesar el final de la historia, llegar a términos con mi opinión sobre él.
Como ya os comenté en la reseña de "Legado en los huesos", devoré con ansia las dos primeras partes de la trilogía, y cada uno de los libros acapararon mi atención y me engancharon de una manera colosal. Ambas se las apañaron para mantenerme pegada a las páginas, rumiando para mis adentros mis teorías conspirativas, pero siempre sorprendiéndome al final. Por estas razones, tenía las expectativas muy altas con respecto a "Ofrenda a la tormenta"...y resultaron ser demasiado altas.
"Ofrenda a la tormenta" decepciona a su lector. No es una mala novela, en absoluto, pero comparada con sus dos predecesoras palidece hasta lo decepcionante, por una serie de razones que os enumero a continuación.

En primer lugar, Dolores Redondo nos acostumbra demasiado bien en las dos primeras novelas: es una lectura rápida, siempre aportando pequeños detalles, con un giro final que no resulta predecible. Problema de "Ofrenda a la tormenta": el lector sabe perfectamente por dónde va la línea argumental desde el principio del libro, incluso, si comienzas a atar cabos y a darle vueltas, desde el segundo libro. Es predecible, remotamente predecible. Desde el primer momento sabes a la perfección por dónde va a salir el asunto. Y, lo peor de todo, es que el lector lo ve a kilómetros, pero Amaia, la que se supone que es la inspectora estrella, con ese instinto sobrenatural, no lo ve hasta que, literalmente, se le echa encima para matarla. Hablaré de Amaia posteriormente, porque tengo muchas cosas que decir de ella en esta entrega, pero os advierto ya de que me ha decepcionado enormemente, como personaje, como policía y como mujer.
Es cierto que Redondo, por la forma de explicárnoslo, ya contaba con ello, con que el lector vería venir este final: es su forma personal de dar a entender por lo que pasa la protagonista (quien, al principio, tiene menos información que nosotros). Es intencionado, pero después de la intriga, del ansia, de los giros que lo dejan estupefacto, el lector no lo asume. Yo, por lo menos, no.
Otro problema de "Ofrenda a la tormenta", y que deriva de esa predictibilidad, es que el ritmo de la novela es lento. La primera mitad del libro parece estancada, no fluye como fluía en las anteriores, y hasta que no llega esa mitad, con un punto crítico, en el único giro que no se ve venir de la trama pero que rompe el corazón del lector. Sí, esa primera parte se hace lenta, incluso algo tediosa. Y, por desgracia, la segunda parte, la más interesante, no logra salvarla.
Como segundo fallo que, a mi juicio y en esta novela en particular resulta imperdonable, es que se deja muy de lado esa aportación de la mitología y la magia, precisamente en el momento en el que más se la necesita. El tarot apenas importa, el supuesto ser malvado que es, en realidad, el responsable de todo, pasa muy desapercibido. No hay apariciones de Mari, en lo que se supone que debía ser su momento estelar. La confrontación final entre las dos grandes fuerzas se queda en poco más que una escena con una meteorología un tanto violenta. Pero nada más. Se ahonda tanto en el drama de Amaia, en ese drama personal que, además, se busca ella solita, que resulta, en cierto sentido, tedioso. Tal vez ese drama habría sido un poco más llevadero si contásemos con mayor participación del círculo familiar o de amigos de Amaia, pero, de nuevo, y en esta entrega, pasa mucho más desapercibido, igual que los flash-backs familiares intercalados entre los capítulos de la trama actual y que tanto bien hacían en las anteriores para avivar nuestro interés. De nuevo, cuando más se los necesita para darle un nuevo ritmo.
Como crítica personal, hay un cierto aspecto, cerca del desenlace, que a mí me chirrió especialmente: el ansia de conectar todo con este libro. El lector entiende que la conexión entre el inductor de "Legado en los huesos" es necesaria con el antagonista principal de "Ofrenda a la tormenta", sus crímenes, al fin y al cabo, son por las mismas razones. Encaja, y prácticamente sin esfuerzo. El problema, lo que chirría, es la conexión entre el asesino y los crímenes de "El guardián invisible" y los de este libro. Esa conexión ya resulta como un recurso demasiado oportunista, demasiado cogido por los pelos: llega a ser el gran "sí, pero no" que el lector percibe. El problema de "Ofrenda a la tormenta" ha sido intentar conectar de cualquier manera los crímenes, porque la vinculación entre los asesinos tiene hasta una cierta plausibilidad. Ni mucho ni tan poco: esta necesidad de conexión, de explicar todo, de repente cojea en determinados momentos en los que sí habría apreciado una explicación (por ejemplo, el  asunto del agente Dupree; en el segundo libro, estaba segura de que estaba muerto, pero en este ya no lo tengo nada claro).
Por supuesto, lo que no cambia, no cambia: el lenguaje de la autora y su forma de narrar es llevadero, y ese es el punto a favor de la trama.

Entramos ahora en un terreno un tanto pantanoso: los personajes. Peliagudo como mínimo.
Amaia. No sabéis lo muchísimo que me he enfadado con Amaia en esta entrega, lo furiosa que he acabado con ella. En un cierto momento, ya incluso me daba absolutamente igual lo que le ocurriera. Amaia me ha decepcionado. Y lo digo sin miedo y con una cierta rabia. La Amaia de este libro no es la Amaia de los dos anteriores: está secuestrada. No parece ella, excepto en un par de momentos puntuales en los que el lector hasta se sorprende. Esto, por supuesto, tiene su explicación dentro de la trama, y el lector lo entiende, claro que lo entiende, pero eso no quita que tenga unas ganas horrendas de sacudirla. El personaje, en esta entrega, frustra, cansa y enfurece, porque no solo es incapaz de ver lo que tiene delante de sus malditas narices, sino que es incapaz de ver más allá de su propia nariz. Amaia se vuelve egoísta, caprichosa, atolondrada, como una adolescente enrabietada y controlada por sus hormonas. Su instinto, su buen hacer como policía, desaparecen cuando ella y sus compañeros más los necesitan y cuando el lector más quiere verla en acción. No queda nada de la Amaia que se nos presenta como una rompe-estereotipos, como una mujer fuerte e independiente, con olfato para las investigaciones y que no se deja controlar. Porque todo eso queda sepultado por el motivo más viejo del mundo: un hombre. Esto está pensado, por supuesto, para que veamos que Amaia tiene fallos y se equivoca, pero el problema es que eso ya lo habíamos visto con su síndrome de estrés post-traumático en la primera entrega y con sus miedos con respecto a ser mala madre en la segunda. ¿Os acordáis de esos miedos, de esa necesidad de estar con su niño y darle lo mejor? Pues en esta entrega desaparecen como si nunca hubieran estado allí.
Citando a Mushu en Mulán, "Deshonra sobre tu vaca, Amaia Salazar". Y a las pruebas me remito.

En cuanto a los antagonistas...tengo sentimientos encontrados.
El principal antagonista del libro (y que resulta ser el de toda la saga) resulta ser el más flojo de todos. Se nos muestra como una persona con un poder carismático increíble, casi mágico (y posiblemente mágico), pero a la vez es tan terriblemente predecible quién es que ni siquiera resulta una amenaza para el lector. Pretende ser encantador y, sin embargo, a mí en particular, me resulta irritante y poco sutil.
Quedaba, sin embargo, la baza (y esperanza del lector) que también conecta todos los males de Amaia en los tres libros: Rosario. Su madre, que sí que es mala de verdad, que resultaba una amenaza terrorífica en "Legado en los huesos"...y que queda desaprovechadísima en este libro. Para todo lo buen personaje que es, lo que podría haber dado de sí en este final, Rosario queda descafeinada y con un decepcionante derrotero en esta entrega. El lector se queda con la sensación de: Bueno, ¿y tanto para esto?

Los personajes de la familia de Amaia pasan a segundo plano. Incluso, a tercer plano. Apenas aparece la tía Engrasi, lo cual es un punto en contra de la historia, porque la tía Engrasi siempre es ese puerto al que Amaia recurre cuando está perdida y que entretiene al lector. Pero ahora, cuando más perdida está, no acude a ella, y el lector la echa de menos.
La línea interesante en el círculo familiar la proporcionan las hermanas de Amaia: Ros y Flora. Por fin Ros nos muestra su cara decidida y pone contra la pared a su viperina hermana mayor, lo cual es un alivio para el lector. Y en cuanto a Flora, bueno, vemos un poco más de ella, e incluso le tenemos algo de lástima (cosa que yo creía impensable a lo largo de la trilogía, porque si alguien aparte de Rosario era una mala víbora, esa era su hija Flora): conocemos también el por qué de su relación con Anne Arbizu, la única baza que le quedaba a Redondo para sorprendernos en este libro (y que yo valoro positivamente). 
En cuanto a James...a ese hombre hay que ponerle un altar. Como una catedral. No puedo decir más de ese pobre hombre, pero alguien así no merece esto.

Los compañeros de Amaia, especialmente Jonan Extaide y Montes (personaje que ya me sorprendió en la anterior entrega), siguen con su particular buen hacer. Jonan, quien es, sin duda, el mejor personaje de las novelas, resulta ser, sin ninguna sorpresa, el que mejor ve las orejas al lobo...y el personaje más previsor del libro. Sin Jonan, Amaia no habría dado con el culpable ni en cien años. Y es por Jonan por quien ella despierta, en el único momento en el que el lector acaba por empatizar con Amaia y en el que ella vuelve a ser, por momentos, ella misma.
Por su parte, Zabalza sí que consigue, aquí, ganarse por fin una cierta simpatía del lector, simpatía que le hacía falta.

Conclusiones generales y mi nota particular


No puedo decir que esté satisfecha con "Ofrenda a la tormenta". No es un mal libro, en absoluto, pero su principal problema es que, comparado con sus dos predecesores, palidece y decepciona terriblemente a su lector. Dolores Redondo nos tenía muy mal acostumbrados en los dos anteriores: trama poco predecible, giros inesperados, momentos al final que nos dejaban con la boca abierta, ritmo que no decaía, mezcla entre mitología y realidad...
"Ofrenda a la tormenta" no tiene nada de esto. El giro final no es ningún giro, porque el lector lo ve venir desde el primer momento (e, incluso, desde el segundo libro), es evidente quién está detrás de todo, la mitología pasa a un tercer plano cuando, en teoría, debía ser su momento estrella, y el ritmo es desigual: la primera mitad de la novela es lenta, y la segunda, si bien mejor, no consigue remontar ese ritmo pesado de la primera parte.  Además, el punto crítico para el cambio en el ritmo, aquello que marca una división tajante entre la primera y segunda parte, es un suceso que destroza el corazón del lector. Siendo honesta, era algo que, al principio, yo no podía ni quería creer, y admito que tuve que dejar de leer hasta el día siguiente porque me enfadé tantísimo que era incapaz de seguir.
Como colofón final de una trilogía tan buena, no está a la altura: no deja un sabor de boca tan bueno como sus predecesores, ni tan bueno como hubiera gustado con esta trilogía. En realidad, es una sensación agridulce, con la idea de que se han conectado en exceso cosas que no necesitaban  ser conectadas ni hiperexplicadas y otras que sí habrían necesitado un ahondar más profundo quedan en el aire, a total interpretación del lector.
Amaia es, directamente, insoportable en este libro: no queda ni rastro de la Amaia que conocemos, de su instinto y su buen hacer, que quedan subyugados por un motivo, si bien bastante explicado en la novela, totalmente irritante. Este libro, en ese sentido, deforma al personaje; en mi opinión, en lugar de conseguir que sintamos simpatía por Amaia, que la veamos como alguien que comete errores y se equivoca, la novela consigue que la veamos como alguien que no merece esa simpatía, por puro egoísmo y egocentrismo. El resto de personajes quedan relegados a ese drama de adolescente hormonal de Amaia, y eso no sienta bien a la novela. Paradójicamente, las mejores tramas son las secundarias, las que protagonizan Ros y Flora, por ejemplo. Esas sí nos recuerdan la fuerza que tenía la trama en los dos libros predecesores. Sin embargo, muchos personajes quedan desaprovechados, y eso no hace ningún favor a la novela: en favor de un antagonista más bien predecible e incluso algo descafeinado, se sacrifican otros que daban un juego mayor.
En conclusión, "Ofrenda a la tomenta" se salva por el buen narrar de Dolores Redondo, por su habilidad para contarnos esta historia, por las pequeñas chispas de sorpresa que aguarda en las líneas secundarias de la trama y por la estela de sus predecesores.

Mi nota para "Ofrenda a la tormenta" es de:
6/10

En cuanto a las conclusiones de la trilogía, puedo decir que es una trilogía interesante, diferente, y que, en conjunto, sí recomiendo. Me ha gustado, y he disfrutado mucho con ella. Sin embargo, me mantengo en lo dicho: "El guardián invisible" es bueno, "Legado en los huesos" es muy bueno, y "Ofrenda a la tormenta" solo está bien.